¿Cómo influye el estilo de apego en tu relación de pareja?

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En anteriores entradas hablamos del apego. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de Apego?

Explicamos en qué consiste y cómo puede condicionarnos en el futuro.

Pues bien, una de las formas donde nuestro estilo de apego se muestra con más claridad, es en las relaciones de pareja.

Considerando que el estilo de apego es el vínculo afectivo más primario y aquél que el bebé adquiere durante su primer año de vida, es lógico pensar que pueda afectar a la hora de relacionarnos con nuestras parejas.

¿Pero por qué el apego es tan importante?. Porque a través de ese vínculo, el bebé aprende a cubrir una necesidad fundamental: la seguridad emocional, algo que le proporciona autoestima, cuidado, aceptación y amor.

Si esas necesidades son cubiertas durante la infancia, el adulto tendrá un estilo de apego seguro. Si no han sido cubiertas, o sólo ha recibido alguna de ellas y no en todas las ocasiones requeridas, el adulto tendrá un estilo de apego inseguro, bien ansioso, bien evitativo.

La persona con un estilo de apego seguro tiene una vida emocional, social y afectiva más estable, además de tener un nivel mayor de autoestima, algo que se ve reflejado en sus relaciones de pareja, puesto que afrontan los conflictos con calma, Empatía y comunicación eficaz. Comunicación Eficaz en Pareja

Además, no se sienten invadidos por un alto nivel de intimidad en la pareja.

Asumen el compromiso como una parte necesaria de las relaciones y se sienten cómodos en pareja y también sin ella.

Son personas afectuosas, que además expresan muy bien sus necesidades y que saben ofrecer apoyo emocional a sus parejas.

Aquéllas que tienen un estilo de apego inseguro-ansioso, poseen un nivel de Autoestima y de autonomía más bajo, puesto que son más inseguras. Tienen una mayor necesidad de estar en pareja para no sentirse solos puesto que, cuando permanecen solteros, se sienten incompletos.

Además, cuando están en pareja, presentan cierta inestabilidad emocional, con cambios en su estado de humor, debido a miedos y dudas en cada conflicto o desacuerdo, que sólo se calman con aprobación, cariño y comunicación constante.

Para este tipo de personas, las relaciones requieren un alto grado de esfuerzo y energía a nivel emocional puesto que se mueven, constantemente, en una necesidad de compromiso y cercanía y, a la vez, de miedo a la ruptura o abandono por parte de sus parejas.

Las personas con un estilo de apego inseguro-evitativo, se caracterizan, principalmente, por el miedo a la intimidad y al compromiso dentro de una relación de pareja. Para ellos, este nivel de cercanía les produce incomodidad y ansiedad, por tanto, lo evitan todo lo que les es posible.

Les cuesta mucho comunicarse y expresar sus Emociones, así como aceptar, entender y recoger las de su pareja. No tiene esas habilidades, (¿Qué son las Habilidades Sociales?), por lo que se sienten incómodos en situaciones de cercanía e intimidad.

Cualquier discusión de pareja, sea por un tema importante o por una cuestión banal, para ellos es de vital importancia y lo luchan hasta el nivel máximo puesto que representa una forma de poner límites a su pareja y no dejar que se traspase esa barrera que les protege de la intimidad y el compromiso.

Por todo esto, es importante saber identificar tu estilo de apego y ver así cuáles son tus necesidades dentro de una relación de pareja.

Es también fundamental poder saber qué estilo de apego tienen aquéllas personas que, a lo largo de tu vida, vas conociendo como posibles futuras parejas y comprobar si, por su estilo de apego, podrían cubrir tus necesidades dentro de una relación amorosa.

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Decir lo que pensamos dentro del marco del respeto

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¿Qué es más efectivo, la capacidad comunicativa y expresiva o la asertividad que permite respetarnos y respetar las opiniones del otro?

En realidad, una cosa sin la otra no tienen mucho sentido. Tan importante es saber expresar nuestras opiniones, como hacerlo dentro de un marco de respeto, donde se aceptan, de forma asertiva, las ideas del receptor.

Ésta es una habilidad social más, muy útil y necesaria, para poder relacionarnos de forma efectiva, como las ya comentadas en la entrada sobre ¿Qué son las Habilidades Sociales?

Conseguir esta habilidad comunicativa representa la Asertividad en su máxima expresión.

Cómo podemos contribuir a la hora de expresar nuestro diálogo con seguridad y, a la vez, mostrar respeto por el diálogo de nuestro interlocutor:

  1. Nuestro tono de voz tiene que ser firme, relajado, afectivo y bien modulado.
  2. La mirada tiene que ser sincera, expresar interés y mirar a los ojos.
  3. En cuanto a nuestra postura, los adecuado es que sea relajada, tranquila y siempre hacia la persona que habla.
  4. Por último, nuestras manos se moverán relajadas, naturales y con movimientos acogedores hacia el otro.

De las misma forma que, cuando alguien no se quiere a sí mismo es complicado que pueda querer a otro de una forma sana, si una persona no se respeta a sí misma tendrá más problemas a la hora de respetar a los demás, en cualquier área vital.

Relacionado con la comunicación y con las habilidades explicadas, una persona que no se quiere ni se respeta a sí misma, que duda de sus propios pensamientos y presenta una baja autoestima, seguramente, a la hora de mantener una conversación con otra persona y enfrentarse a argumentos totalmente contrarios a los suyos, es muy probable que acabe alterándose y ofendiéndose ante ideas que no se asimilan a las suyas.

Es muy importante saber qué derechos asertivos tenemos puesto que, teniéndolo claro, la comunicación nos resultará más sencilla, efectiva y respetuosa.

Algunos de ellos son los siguientes:

  1. Tengo derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
  2. Tengo derecho a tener y expresar mis propias opiniones.
  3. Tengo derecho a pedir información y aclaraciones.
  4. Tengo derecho a detenerme y pensar antes de actuar.
  5. Tengo derecho a experimentar y expresar mis propios sentimientos, así como a ser su único juez.
  6. Tengo derecho a decir “no” sin sentir culpa.
  7. Tengo derecho a pedir lo que quiero.
  8. Tengo derecho a tener mis propias necesidades y que estas sean tan importantes como las de los demás.
  9. Tengo derecho a no satisfacer las necesidades y expectativas de otras personas y comportarme siguiendo mis propios intereses.
  10. Tengo derecho a no anticiparme a los deseos y necesidades de los demás y a no tener que intuirlos.
  11. Tengo derecho a protestar cuando se me trata injustamente.
  12. Tengo derecho a sentir y expresar el dolor.
  13. Tengo derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás.
  14. Tengo derecho a elegir entre responder o no hacerlo.
  15. Tengo derecho a cambiar de opinión o a cambiar mi forma de actuar.
  16. Tengo derecho a no tener que justificarme ante los demás.
  17. Tengo derecho a cometer errores.
  18. Tengo derecho a hacer menos de lo que soy capaz de hacer.
  19. Tengo derecho a tener éxito y superarme, aun superando a los demás.

Cuando conseguimos interiorizar todos estos derechos asertivos y hacerlos parte de nuestra forma de vida y experiencia vital, resulta muchos más sencillo ser asertivo, comunicarse de forma efectiva y tratar al otro con el respeto que se merece, aquél con el que desearíamos nos trataran a nosotros mismos.

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¿Por qué la empatía es tan importante?

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En anteriores entradas hemos hablados de la Empatía.

Pero, realmente, ¿por qué es tan importante poder y saber empatizar con el otro?.

Cuando una persona está pasando por un mal momento, tiene algún problema personal, laboral, familiar o de pareja y busca un amigo o compañero para mantener una conversación y, como solemos decir, “desahogarse”, si la otra persona no le presta atención, si no practica la escucha activa ni le mira a los ojos o, si hace todas estas cosas pero, al final, le comenta que no entiende lo que le está pasando, probablemente la otra persona se sienta igual o incluso peor que antes de explicarle su problema.

Hay personas que sí saben escuchar de forma activa, pero no tienen la capacidad de comprender aquéllas situaciones por las que ellos no han pasado o entender los problemas que no ha experimentado.

Es muy importante decir que no es necesario haber experimentado la situación concreta que le esté ocurriendo al otro, para poder ponernos en su lugar, entenderle y prestarle el apoyo que pueda necesitar, en ese momento concreto.

Como ya hemos explicado en otras entradas, la Inteligencia Emocional es fundamental para desarrollar empatía. Nos ayuda a entender, identificar y gestionar nuestras emociones y las del otro, por este motivo, es mucho más fácil que alguien con un buen nivel de inteligencia emocional, pueda empatizar con nosotros.

¿Qué ocurre cuando una persona, ante cualquier situación, no siente esa empatía y no es capaz de ver ni entender lo que le ocurre al otro?. Más específico aún, ¿qué ocurre cuando una persona no siente culpa ni remordimiento ante el daño causado y no entiende ni empatiza con el otro, aunque le vea sufrir por sus propias conductas?.

En este caso, podríamos identificar a esa persona como alguien con rasgos de psicopatía, entendida como lo contrario a la empatía.

Se considera psicopatía a la incapacidad para sentir dolor, culpa o remordimiento, por el daño o sufrimiento causado al otro.

Este tipo de personas, aunque cometan un acto que dañe al otro, no podrán ver ni empatizar con su sufrimiento. No serán capaces de sentirse culpables por el dolor causado y, mucho menos, sentirán arrepentimiento ni pedirán disculpas.

Así, podemos ver, de nuevo, la importancia de saber empatizar con las personas.

Tan dañino es un exceso de empatía que sólo nos llevará a hacer nuestros los problemas del otro, como la psicopatía, que nos hará fríos e insensibles ante el sufrimiento ajeno.

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