Para qué sirve la culpa

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La culpa, al igual que otras Emociones como la alegría, la tristeza, el asco, el miedo, etc, tiene un significado y también una función. Función de las Emociones

Si hablamos de significado, podríamos decir que la culpa es el estado afectivo o emocional que una persona experimenta cuando ha hecho algo que considera no debería haber realizado o, por el contrario, no ha llevado a cabo algún acto que cree que sí era necesario.

Aunque suena como un trabalenguas, parece que esto está más o menos claro y que es sencillo de comprender.

Pero qué ocurre si nos preguntamos para qué sirve la culpa o cuál sería su función.

Lo primero que hace la culpa es distorsionar nuestro pensamiento, volviéndolo rígido e injusto, como si de un juez se tratara.

Además, nos deja anclados en el juicio e inmóviles ante esa sensación de inutilidad que no permite avanzar ni aprender del posible error cometido. Por tanto, lejos de ser productiva, es un lastre que sólo nos permite quejarnos (¿Por qué nos quejamos?) y flagelarnos, pero no solventar nada sobre la situación y, mucho menos, sobre ese malestar tan incapacitante que genera en la persona.

En relación al punto anterior, al tener esa función tan rígida y juiciosa, no permite que nos preguntemos ¿qué puedo hacer?, ¿cómo podría arreglarlo?, ¿qué aprendo de esto? y un largo etc. Las preguntas que se realizan en torno a la culpa son ¿por qué he hecho algo así?, ¿cómo he sido capaz?, ¿qué tipo de persona soy si algo algo imperdonable? y, por supuesto, insultos como inútil, mala persona,…

Al final, esas preguntas, esos juicios y esos debería, hay que sustituirlos por responsabilidad, por un ¿qué puedo hacer ante esto?, porque la responsabilidad sí es activa y sí lleva a la resolución de problemas y Toma de decisiones, no a la queja y a la inmovilidad.

Además, la culpa provoca pensamientos muy limitantes que están asociados a la historia de vida de la persona, en relación a una educación con alta exigencia y perfeccionismo, que acaban creando valores, creencias y esquemas muy rígidas e inflexibles. ¿Eres Flexible?

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Algo peligroso de la culpa es que, al producir sensaciones tan negativas, la persona tiende a no querer enfrentarse a ellas y, como cualquier emoción que se evita afrontar, se convierte en un “monstruo” con el que resulta mucho más difícil luchar.

Por eso es fundamental no huir de esas sensaciones, todo lo contrario, tenemos que ver y analizar cuáles son y qué podemos hacer con ellas, precisamente para solventar, no para vivir rodeados de queja y de culpa sin poder hacer nada.

Muy importante no convertir tu diálogo interno en tu peor enemigo. En lugar de machacarte y hacerte daño, intenta ver qué puedes aprender de lo que te está pasando y por qué te pueden estar llegando esos pensamientos. Hazlo desde el aprendizaje, no desde el arrepentimiento.

Cuando hablamos de Duelo, la culpa es realmente peligrosa. Si nos quedamos anclados en el sentimiento de culpa en relación a la pérdida de ese ser querido (esto puede ocurrir cuando se asocia la pérdida con algún acto nuestro relacionado con la misma, por ejemplo, conducir un coche que tiene un accidente de tráfico y fallece alguna de las personas que van en el mismo), es muy probable que ese duelo, de no trabajarse con un profesional y ser bien elaborado, acabe convirtiéndose en un Duelo patológico.

Como puedes ver, las funciones que desempeña la culpa a nivel emocional son varias y delicadas, motivo por el que puede ser necesario e importante trabajarla a través de un Proceso Terapéutico si empezamos a hacernos conscientes del malestar que nos está generando.

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