QUÉ SIGNIFICA HACER UN PROCESO TERAPÉUTICO

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Tomar la decisión de realizar un proceso terapéutico es en sí un proceso por sí mismo, puesto que conlleva la necesidad y la toma de conciencia, por parte del paciente, de saber que necesita ayuda, recursos, entendimiento y un largo etc, en relación a algún tipo de malestar, problema, dolor o crisis que seguramente viene sobrellevando desde hace tiempo. Proceso Terapéutico

No siempre resulta sencilla esa conexión en la que el paciente realmente se hace consciente de esa necesidad de analizarse. Muchas veces, es un proceso que le supone miedos, desconocimiento, bloqueos, tiempo e incluso prejuicios de cara a acudir a un psicólogo. ¿A qué tienes miedo?

Una vez que ese paciente decide que necesita y está preparado para realizar ese «viaje de conocimiento interno» que supone realizar terapia, comienza la búsqueda del profesional indicado con quien llevarla a cabo. Proceso tampoco nada sencillo puesto que, de igual forma que existen panaderos, dentistas o taxistas, por ejemplo, que tienen diversas formas de trabajar, igualmente ocurre en el mundo de la psicología y, lo que es más importante, el paciente tiene que sentirse cómodo y en confianza con ese profesional. Y aquí llegamos, desde mi punto de vista, a lo que supone uno de los puntos más importantes a la hora de hacer un proceso terapéutico, poder generar un buen vínculo terapéutico paciente-psicólogo, base fundamental para que ese proceso tenga éxito.

Y, finalmente, llegamos a ese punto donde considero necesario saber la diferencia entre buscar un psicólogo para que te de recursos terapéuticos o hacer un proceso terapéutico en sí.

Yo misma, como profesional de la psicología, explico a mis pacientes que trabajo desde el proceso terapéutico y qué significa esto, para que puedan valorar si eso es exactamente lo que están buscando para ellos mismos y en relación a las necesidades que puedan tener en ese momento vital.

Pues bien, qué significa entonces hacer un proceso terapéutico?:

1.Significa estar dispuesto a ser «paciente», nunca mejor dicho. A no tener prisa en ese proceso de conocimiento personal, puesto que el paciente va a conocerse en profundidad a través del análisis de su estructura de carácter que realiza el profesional en cada sesión y a través de la evaluación. Y hablo de no tener prisa porque ese paciente que quiere «cambios mágicos» y resultados inmediatos en tres sesiones, o no está preparado para un proceso terapéutico profundo o está buscando otro tipo de terapia.

2. Significa estar preparado y dispuesto a recibir, por parte del profesional, esas devoluciones que son la terapia en sí misma. Y con devoluciones me refiero a esas explicaciones que realizamos al paciente cuando nos trae a sesión cualquier malestar, problema o narrativa y nosotros, desde la perspectiva terapéutica, le explicamos lo que está pasando en realidad. Qué está movilizando y por qué. Esta parte no es nada sencilla puesto que no todos los pacientes están listos para recibir e integrar lo que ocurre de verdad en sus vínculos, gestiones o interacciones. Ir a terapia es de Valientes

3. Significa ser capaz de hacer una buena toma de conciencia de todo lo que se ve en sesión para después, cuando el paciente se sienta preparado, llevar a cabo cambios en su vida. Sin toma de conciencia no existe cambio real y/o duradero.

4. Significa tener la capacidad de estar en proceso. y qué significa esto? poder sostener el proceso de autoconocimiento, de malestar que trae el paciente a consulta y de la incomodidad que supone, sobre todo al principio, esa emocionalidad que se remueve, pero que aún no sabe ni puede resolver.

5. Poder llevar fuera lo que se ve y trabaja en sesión. Poder hacer esa conexión entre aquéllo que se integra en la terapia y la vida cotidiana del paciente, para que pueda entender y accionar en relación a lo que va conociendo de él mismo y de sus mecanismos de gestión. ¿Cómo afecta la terapia a tu entorno?

6. El paciente tiene que poder y saber traer a cada sesión todo aquéllo que necesita, que le preocupa o que quiere trabajar. Sin información ni datos no podemos hacer ningún tipo de terapia. Tiene que ser capaz de poner en palabras lo que le preocupa. Hay pacientes que, cuando llegan a sesión y aunque son conscientes de que necesitan ayuda, no saben muy bien qué ni cómo contar. Esta capacidad de conectar lo que tiene en su mente, lo que ocurre en su vida diaria y poder trasladarlo a la sesión es fundamental.

Al final, en todo proceso terapéutico, además de estas condiciones, el trabajo se va a ir adaptando a las necesidades del paciente y, por supuesto, también se utilizarán recursos que puedan ayudarle durante su proceso, pero esto es un añadido a la terapia en sí.

Al final, hacer un proceso terapéutico supone trabajar la vida del paciente; toda su historia y sus vínculos, hacerle consciente de su manejo vital, enseñarle a conocerse y, por supuesto, desarrollar recursos para su adecuada gestión emocional, cognitiva y de toma de decisiones.

Ir al psicólogo no es un tema de locos que, aunque cada vez menos, es algo que todavía se cree en determinados ámbitos o familias. Ir al psicólogo es cuidarse a nivel holístico para conseguir afrontar, de una forma saludable, todo aquéllo que la vida pueda traerte. No cambia la vida, cambia tu forma de afrontarla. Cuidarse a nivel Biopsicosocial

Si crees que necesitas ayuda de un profesional de la psicología, puedes ponerte en contacto conmigo a través de mis RRSS o de mi página web.

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