QUÉ SIGNIFICA HACER UN PROCESO TERAPÉUTICO

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Tomar la decisión de realizar un proceso terapéutico es en sí un proceso por sí mismo, puesto que conlleva la necesidad y la toma de conciencia, por parte del paciente, de saber que necesita ayuda, recursos, entendimiento y un largo etc, en relación a algún tipo de malestar, problema, dolor o crisis que seguramente viene sobrellevando desde hace tiempo. Proceso Terapéutico

No siempre resulta sencilla esa conexión en la que el paciente realmente se hace consciente de esa necesidad de analizarse. Muchas veces, es un proceso que le supone miedos, desconocimiento, bloqueos, tiempo e incluso prejuicios de cara a acudir a un psicólogo. ¿A qué tienes miedo?

Una vez que ese paciente decide que necesita y está preparado para realizar ese «viaje de conocimiento interno» que supone realizar terapia, comienza la búsqueda del profesional indicado con quien llevarla a cabo. Proceso tampoco nada sencillo puesto que, de igual forma que existen panaderos, dentistas o taxistas, por ejemplo, que tienen diversas formas de trabajar, igualmente ocurre en el mundo de la psicología y, lo que es más importante, el paciente tiene que sentirse cómodo y en confianza con ese profesional. Y aquí llegamos, desde mi punto de vista, a lo que supone uno de los puntos más importantes a la hora de hacer un proceso terapéutico, poder generar un buen vínculo terapéutico paciente-psicólogo, base fundamental para que ese proceso tenga éxito.

Y, finalmente, llegamos a ese punto donde considero necesario saber la diferencia entre buscar un psicólogo para que te de recursos terapéuticos o hacer un proceso terapéutico en sí.

Yo misma, como profesional de la psicología, explico a mis pacientes que trabajo desde el proceso terapéutico y qué significa esto, para que puedan valorar si eso es exactamente lo que están buscando para ellos mismos y en relación a las necesidades que puedan tener en ese momento vital.

Pues bien, qué significa entonces hacer un proceso terapéutico?:

1.Significa estar dispuesto a ser «paciente», nunca mejor dicho. A no tener prisa en ese proceso de conocimiento personal, puesto que el paciente va a conocerse en profundidad a través del análisis de su estructura de carácter que realiza el profesional en cada sesión y a través de la evaluación. Y hablo de no tener prisa porque ese paciente que quiere «cambios mágicos» y resultados inmediatos en tres sesiones, o no está preparado para un proceso terapéutico profundo o está buscando otro tipo de terapia.

2. Significa estar preparado y dispuesto a recibir, por parte del profesional, esas devoluciones que son la terapia en sí misma. Y con devoluciones me refiero a esas explicaciones que realizamos al paciente cuando nos trae a sesión cualquier malestar, problema o narrativa y nosotros, desde la perspectiva terapéutica, le explicamos lo que está pasando en realidad. Qué está movilizando y por qué. Esta parte no es nada sencilla puesto que no todos los pacientes están listos para recibir e integrar lo que ocurre de verdad en sus vínculos, gestiones o interacciones. Ir a terapia es de Valientes

3. Significa ser capaz de hacer una buena toma de conciencia de todo lo que se ve en sesión para después, cuando el paciente se sienta preparado, llevar a cabo cambios en su vida. Sin toma de conciencia no existe cambio real y/o duradero.

4. Significa tener la capacidad de estar en proceso. y qué significa esto? poder sostener el proceso de autoconocimiento, de malestar que trae el paciente a consulta y de la incomodidad que supone, sobre todo al principio, esa emocionalidad que se remueve, pero que aún no sabe ni puede resolver.

5. Poder llevar fuera lo que se ve y trabaja en sesión. Poder hacer esa conexión entre aquéllo que se integra en la terapia y la vida cotidiana del paciente, para que pueda entender y accionar en relación a lo que va conociendo de él mismo y de sus mecanismos de gestión. ¿Cómo afecta la terapia a tu entorno?

6. El paciente tiene que poder y saber traer a cada sesión todo aquéllo que necesita, que le preocupa o que quiere trabajar. Sin información ni datos no podemos hacer ningún tipo de terapia. Tiene que ser capaz de poner en palabras lo que le preocupa. Hay pacientes que, cuando llegan a sesión y aunque son conscientes de que necesitan ayuda, no saben muy bien qué ni cómo contar. Esta capacidad de conectar lo que tiene en su mente, lo que ocurre en su vida diaria y poder trasladarlo a la sesión es fundamental.

Al final, en todo proceso terapéutico, además de estas condiciones, el trabajo se va a ir adaptando a las necesidades del paciente y, por supuesto, también se utilizarán recursos que puedan ayudarle durante su proceso, pero esto es un añadido a la terapia en sí.

Al final, hacer un proceso terapéutico supone trabajar la vida del paciente; toda su historia y sus vínculos, hacerle consciente de su manejo vital, enseñarle a conocerse y, por supuesto, desarrollar recursos para su adecuada gestión emocional, cognitiva y de toma de decisiones.

Ir al psicólogo no es un tema de locos que, aunque cada vez menos, es algo que todavía se cree en determinados ámbitos o familias. Ir al psicólogo es cuidarse a nivel holístico para conseguir afrontar, de una forma saludable, todo aquéllo que la vida pueda traerte. No cambia la vida, cambia tu forma de afrontarla. Cuidarse a nivel Biopsicosocial

Si crees que necesitas ayuda de un profesional de la psicología, puedes ponerte en contacto conmigo a través de mis RRSS o de mi página web.

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SI PRIMA EL EGO, NO ES AMOR

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Hoy hablamos de una bandera verde para los vínculos de pareja.

Está muy de moda hablar de las banderas rojas en los vínculos de pareja, pero es igual de importante saber identificar esas banderas verdes que nos sirven de ayuda para  saber que estaríamos ante una persona que sabe gestionar los vínculos de una forma saludable.

Una de esas banderas verdes es la ausencia de ego en la relación.

Nos referimos a esa forma de gestionar el vínculo desde el amor, la empatía y la importancia y valoración de las necesidades del otro. ¿Por qué la empatía es tan importante?

Cuando uno ama desde esas tres variables, no queda espacio para el ego, para el orgullo, para el «yo tengo la razón», puesto que en la pareja, ambos pueden tener razón desde su perspectiva, su historia o sus necesidades, de ahí la importancia de poder comunicar y construir desde el amor con tu pareja. Comunicación Eficaz en Pareja

Si en esa construcción y comunicación percibes que para tí es mucho más importante ganar la batalla o tener razón que llegar a un acuerdo que pueda satisfacer las necesidades de ambos, en ese momento no te estás vinculando ni mirando al otro desde la empatía, si no desde tu ego.

Es fundamental saber que, desde le ego, el ser humano nunca puede construir puesto que se coloca en una situación se superioridad y no de igualdad respecto al otro.

Por tanto, para poder llegar a puntos de encuentro con el otro, es necesario que te coloques desde el amor propio a tí mismo y el amor y la empatía hacia el otro porque, desde ahí, no buscarás culpables si no soluciones. Amor para toda la vida

Observar si esto es algo habitual en tu construcción de ese vínculo es fundamental para saber si realmente estás en una relación que se sostiene desde el amor o desde el ego y, si fuera así, puede que sea otra cosa la que te vincula con esa persona; deseo, conflicto, dependencia, economía, etc, pero no amor. Dependencia emocional en las relaciones de pareja

Y tú, desde donde te vinculas? ¿Cómo influye el estilo de apego en tu relación de pareja?

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¿Qué significa agredir o abusar emocionalmente?

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Durante muchos años, se consideró exclusivamente como agresión a aquel acto físico que se producía como ataque a otra persona y que, por tanto, podría demostrarse por la existencia de un golpe o daño físico.

Pero en esta explicación se estaban obviando esas formas de agresión, que sin existir acto físico, dañan igual o más que un golpe.

El abuso emocional se define como cualquier comportamiento o actitud no física que conlleva controlar, someter, castigar o aislar a otra persona mediante el uso de la humillación y/o el miedo. Así lo define Beverly Engel, autora del libro “La relación emocionalmente abusiva”. Función de las Emociones

Hay muchas conductas que están consideradas como abuso o agresión emocional, pero en esta publicación nos vamos a centrar en el desprecio y en la indiferencia.

El desprecio, en psicología y otras ciencias sociales, es considerado como una intensa sensación de falta de respeto o reconocimiento y aversión. Supone la negación y humillación del otro de quien se pone en duda su capacidad e integridad moral. Es similar al odio, pero implica un sentimiento de superioridad.

El desprecio es la fuente de muchos de los problemas en las relaciones interpersonales y causa de innumerables rupturas. Puede causar muchísimo daño ya que, como afirmaba Voltaire: “todo es soportable salvo el desprecio”.

Podemos hablar del desprecio como lo opuesto a la empatía, ¿Por qué la empatía es tan importante?, puesto que, en vez de ponerse en el lugar del otro y comprender lo que puede estar sintiendo, supone juzgarle desde la superioridad y el daño.

El desprecio es una emoción excluyente que da paso a la indiferencia.

“Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. Lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”. -Elie Wiesel-

La indiferencia es aquel sentimiento donde se mantiene al margen a la persona a la que se le aplica. Es una acción que produce heridas profundas y duraderas.

De hecho, diversos estudios y profesionales de la psicología, explican que lo contrario al amor no es el odio, si no la indiferencia, puesto que esta actitud es de las más agresivas y dolorosas que se puede aplicar sobre el otro, haciéndole invisible, no se le ve y no se le habla. ¿Por qué el silencio es tan poderoso?

Está asociada a frialdad e insensibilidad, a un sentimiento de vacío hacia el otro donde le negamos, ni más ni menos que sus ideas, sus emociones e, incluso, el ser visto.

Hay diversos estudios que indican una disminución de la sustancia gris en sujetos especialmente agresivos y la combinación de altos niveles de testosterona y bajos niveles de cortisol.

En el ámbito militar por ejemplo, la agresión verbal es muy usada para intimidar a los soldados, con la finalidad de doblegarlos y poder controlarlos con mayor eficacia

Las consecuencias de este tipo de abusos parecen ser más intensas y duraderas que aquéllas que se producen mediante una agresión física.

Algunas de las consecuencias que este tipo de conductas producen son:

  • Conductas agresivas
  • Insomnio
  • Depresión
  • Trastornos psicosomáticos y un largo etc.

Identificar este tipo de conductas, en ocasiones, puede ser complicado, ya que son daños que se producen de forma sutil dentro de la relación interpersonal.

Resulta mucho más sencillo cuando la persona que lo recibe empieza a ver claramente una negación de su persona, a nivel conductual, cognitivo y emocional. Sabiendo que no solo no se respeta lo que expresa y/o siente, si no que se le ridiculiza, juzga y se le manipula para hacerle creer que todo aquéllo por lo que se está sintiendo así es culpa suya.

El hecho de que empiecen a aparecer varios de los síntomas como los descritos más arriba, de forma persistente, es una clara señal de que este tipo de abusos pueden estar presentes.

Las personas abusadas o agredidas emocionalmente se sienten invisibles, anuladas y ridiculizadas. Cuando expresan sus emociones, éstas no son validadas si no todo lo contrario. Si, además, se atreven a poner algún límite al otro, éste no solo no lo respetará, si no que lo traspasará sin problema, haciendo sentir a la persona abusada que sus condiciones para las relaciones personales no son válidas ni consideradas si quiera.

Existe una constante minusvaloración de lo que siente a través de expresiones tipo: «eres demasiado sensible», «muy exageradx», «estás locx», «solo dices tonterias» y un largo etc que hace sentir a la persona dañada a nivel emocional y psicológico.

Hay que ser muy valiente (¿Qué significa ser valiente?) para identificar este tipo de conductas, atreverse a verbalizarlas y enfrentarse a ellas desde una perspectiva de protección.

Si crees estar en alguna de estas situaciones, sería adecuado que te pusieras en contacto con un profesional. Ir a terapia es de Valientes.

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¿Por qué a algunas personas les cuesta tanto promover cambios?

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El cambio es evolución. Sabemos que poder y saber cambiar es algo adaptativo, puesto que todo en la vida es cambio, nada permanece estático, ni siquiera los seres humanos.

Pero si esto es así, por qué algo que supone adaptación y supervivencia, a ciertas personas les cuesta tanto?

Esas personas que muestran tanta resistencia al cambio, están asociando emociones negativas a esos cambios. Por tanto, lo que sienten cuando tienen que ponerse a ello no les resulta nada agradable. De este modo y aunque no sea real, están entendiendo que el cambio no es algo positivo para ellos.

Por otro lado, para estas personas, esos cambios están asociados a pensamientos muy rígidos. ¿Eres Flexible?.

Algunas distorsiones y creencias asociadas al no cambio son las siguientes:

  1. Pensamiento dicotómico: ver todo en blanco o negro, no hay alternativa intermedia
  2. Sobregeneralización: sacar una conclusión general de un hecho en particular
  3. Catastrofismo: adelantar acontecimientos catastróficos de algo que aún no ha ocurrido
  4. Falacia de cambio: creer que el bienestar de uno mismo depende de los actos de los demás y no de los suyos propios.
  5. Deberías: mantener creencias rígidas sobre cómo deberían ser las cosas y las personas.
  6. Baja tolerancia a la frustración: dificultad para gestionar el hecho de que las cosas no salgan como uno espera.
  7. Evitación de los problemas: pensar que es más sencillo evitar que afrontar los problemas
  8. Indefensión: pensar que uno es como es y no puede hacer nada para cambiarlo
  9. Autoexigencia y perfeccionismo: pensar que hay soluciones perfectas para todo y que, además, el ser humano tiene que encontrarlas siempre para ser feliz.

Si te cuesta cambiar, es porque tienes algún pensamiento muy arraigado que no te está permitiendo introducir esas modificaciones. Creencias y Flexibilidad

Por otro lado, son personas que no han aprendido a gestionar la frustración en la etapa infantil.

Si querían algo cuando eran pequeños, normalmente lo tenían, porque no les enseñaron a afrontar situaciones diferentes a las que ellos deseaban, por tanto, en la etapa adulta, el cambio no es algo habitual ni natural para ellos, porque asocian ese cambio a pérdida, relacionado con ese objeto que reclamaban de pequeños y que, en caso de haber gestionado de forma adecuada, no habrían podido tener porque no les correspondía o no procedía.

Relacionado con lo anterior y asociado también a la etapa infantil, son personas que no gestionan correctamente los noes. Presentan dificultades para aceptar un no y ciertos límites asociados a esto.

Como no están acostumbrados a poner límites, ni a que se los pongan, cuando alguien lo hace, se sienten amenazados. Entienden este límite como una amenaza y no como algo saludable dentro de las relaciones personales.

Reaccionan muy mal ante estos límites porque no se los han puesto a ellos en la etapa infantil y, de hecho, estas personas tampoco saben manejar los límites y suelen estar invadidas por los demás.

Suelen personas con ego y orgullo en su estructura de carácter, motivo que, además, sigue fomentando esa incapacidad para el cambio ya que, para ellos, el cambio estaría significando estar equivocados y no un aprendizaje o evolución.

Por otro lado y aunque no lo pueda parecer, son personas inseguras que necesitan afianzar lo que saben y lo que son a través de esa inacción y falta de evolución, quedándose en su zona de confort y no afrontando así la incertidumbre del cambio.

Lo contrario les hace sentir inseguros porque supone algo desconocido.

Por tanto y después de todo lo explicado, observamos que, cuando vienen a consulta, son Pacientes con alto nivel de resistencias. Van a desarrollar todo tipo de mecanismos y bloqueos para no salir de su zona de confort.

Al final, la inacción y la falta de evolución, no tiene nada positivo.

Te impide conseguir ese aprendizaje y esa adaptación a la vida.

Por eso, si esto te ocurre y te cuesta adaptarte al cambio en cualquiera de sus facetas, quizá pueda resultarte útil consultar con un profesional.

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¿Cómo afecta la terapia a tu entorno?

efecto terapia

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Cada vez es más habitual y está más normalizado el hecho de ir al psicólogo.

Parece que se va asumiendo que es algo normal y saludable cuidar de nuestra salud a un nivel holístico y que, de la misma forma que vamos al médico para cuidar de nuestro estómago o nuestro corazón, también podemos ir al psicólogo para cuidar de nuestra salud mental y emocional. Ir a terapia es de Valientes

Cuando una persona comienza un proceso terapéutico, por el motivo que sea, siempre empiezan a producirse cambios, tanto a nivel personal, como a nivel social, familiar y de pareja.

En terapia, podemos trabajar cualquier tema con el paciente a nivel individual, es decir, aunque tenga problemas con la pareja, por ejemplo, se puede tratar a nivel individual porque estos cambios, a su vez, van a producir, sin duda, cambios en la pareja.

Cómo se explica esto?. Cualquier modificación en nuestra conducta, obliga necesariamente a que el otro tenga que modificar también sus propias conductas, ya que, cuando nos comportamos de forma diferente, el otro va a reaccionar de forma diferente.

Si se ponen más límites, si se expresa de forma más asertiva, (Asertividad) si se entra menos en conflicto o se permiten menos invasiones por parte del otro por ejemplo, esto, sin duda, hará que el otro tenga que adaptar sus conductas y su comunicación. Cómo mejorar la comunicación.

Cuándo llega ese “problema” que los psicólogos escuchamos muchas veces en sesión?. Cuando el otro, debido a los cambios que se están produciendo en ese familiar o amigo que va a terapia, tiene que aprender a modificar conductas que no eran demasiado adecuadas y por las que estaba saliendo, de alguna forma, beneficiado.

Aquí es cuando el paciente nos dice que, la madre, la pareja o el afectado en cuestión, le dice que la terapia no le está sirviendo para nada.

Nada más lejos de la realidad. El paciente está aprendiendo formas más adecuadas de relacionarse y, el otro, al verse afectado, desarrolla este mecanismo de defensa, a través del enfado, porque ahora la conducta del otro a él ya no le resulta beneficiosa.

Es algo inconsciente que se produce en casi cualquier persona que se ve obligada a hacer cambios no por sí mismo, si no por el aprendizaje del otro.

Hacer terapia es un proceso transformador que, como podemos comprobar, afecta de forma directa en las relaciones interpersonales.

Quizá te sientas identificado porque alguien te haya dicho que tu proceso no te está ayudando.

No es real. Todo lo contrario, pero sí es cierto que nuestros cambios influyen de forma directa en los demás y puede que esto no les guste, motivo por el que te dirán que la terapia no te sirve para nada, o algo parecido cuando, en realidad, es a ellos a los que no les está sirviendo, porque se ven obligados a cambiar para poder seguir relacionándose contigo.

Todas las relaciones funcionan al 50%. Esto quiere decir que una persona es responsable del bienestar de su relación con otro al 50%. El otro lo será en la misma proporción. Lo que depende de mi.

Por eso, si nuestros hábitos y comportamientos cambian, el otro deberá cambiar igualmente y hacerse responsable de ese bienestar en la medida en la que le corresponde.

No podemos hacernos responsables de ninguna relación al 100% ya que, de ser así, estaríamos en una relación de desigualdad.

Por eso, no te preocupes si experimentas este proceso al hacer terapia.

Es algo muy habitual que se produce en el entorno de las personas que realizan un proceso terapéutico.

Sigue adelante porque, de hecho, si esto te pasa, será una prueba fehaciente de que tus cambios están funcionando.

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¿Por qué necesitamos tenerlo todo controlado?

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Hay personas para las que es una necesidad tenerlo todo controlado, no equivocarse nunca y no tener que exponerse a la incertidumbre, pero es cierto que controlarlo todo es una fantasía, por lo que es importante poder desarrollar otras formas de funcionar más adaptativas.

La vida y el día a día es un cambio constante, así que, el poder adaptarse a esto es una necesidad importante.

Romper esta forma de actuar, significa poder romper el miedo y la inseguridad que la acompañan.

Vamos a ver cómo es la estructura de carácter de las personas para las que, tenerlo todo controlado, es una necesidad.

Normalmente, cuando hablamos de personas con necesidad de control, ante cualquier cuestionario de personalidad, es casi seguro que van a puntuar alto en rasgos obsesivo compulsivo.

En absoluto quiere decir que tengan un TOC, pero sí esa obsesión por llevar a cabo todo tipo de acciones que les permita sentir que tienen el control de sus vidas.

Son personas que han desarrollado, a lo largo de su historia de vida, cierta inseguridad en su contexto y en relación a sus figuras de apego y de ahí, esa necesidad de control para sentirse seguros.

En relación con lo anterior, efectivamente, les cuesta improvisar. Si les sacamos de su zona de control o confort, se sienten inseguros e incómodos, por lo que prefieren la planificación y organización extrema y todas las consecuencias que esto conlleva, en pro de esa sensación de control que necesitan para desenvolverse en su día a día.

Por este motivo, para estas personas la organización y planificación del día a día y de la vida en general, es algo imprescindible.

Al ser personas tan planificadas y organizadas, con un nivel de exigencia y perfeccionismo muy alto, no conciben el error como algo normal e incluso sano para el aprendizaje del ser humano.

En su diálogo sí lo expresan como algo comprensible que puede ocurrir, pero es cierto que, cuando alguien comete un error, o incluso ellos mismos, experimentan sensaciones muy desagradables y un miedo implícito a las consecuencias de ese error.

Esto ya viene aprendido de su historia de vida, donde, desde pequeños, el error no ha sido aceptado como parte fundamental y de crecimiento en la vida. A ellos no se les ha permitido errar.

Triángulo dramático y cómo salir de él. Si leemos esta publicación, veremos que esta estructura de carácter se relaciona, a la vez, con salvador y perseguidor, dependiendo del momento. Por un lado, necesitan solucionar todo lo que creen que está mal. Por otro, persiguen encontrar el error ya que, para ellos, no es admisible.

Son personas que han desarrollado creencias y valores muy rígidos. Creencias y Flexibilidad. Necesitan anclarse en ellas para sentirse seguros. No son personas especialmente flexibles. ¿Eres Flexible?

Además, se llaman a ellos mismas «cabezotas», ya que, cambiar de opinión, para ellos, es prácticamente imposible. A través de esto, de nuevo, buscan el sentirse seguros mediante lo que ya saben y conocen. Algo nuevo les sacaría de su zona de confort y no se sentirían cómodos.

En muchas ocasiones, infravaloran las formas de actuar y/o pensar del otro, ya que, en su historia de vida, han hecho lo mismo con ellos, enseñándoles que no lo hacían bien en diferentes momentos.

Por eso y a través de esta actitud, ellos se sienten valorados cuando detectan un error en los demás, porque, lo que les llega de forma inconsciente, es que hacen las cosas mejor que los otros, buscando, por otro lado, esa confirmación y valoración que no han tenido en su infancia.

Al final, este aprendizaje y esta forma de entender y gestionar la vida es muy costosa y trae, antes o después, problemas serios a quien lo practica.

Es importante trabajar con estas personas el poder aprender a funcionar a través de la confianza, en lugar de desde el control.

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¿En qué consiste la aceptación?

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A veces, conocemos a una persona y nos da la sensación de que está enfadada con la vida.

Parece como si siempre estuviera de mal humor.

¿Te suena familiar, conoces a alguna?

Evidentemente, hay múltiples factores que pueden influir en estos procesos internos, pero, casi seguro, esas personas cumplen el requisito de no practicar la aceptación.

Pero, qué significa aceptar la vida?.

Aceptar es una forma de afrontar en la que, aunque no nos gusten las circunstancias, practicamos esa capacidad de poder vivir con ellas sin un constante rechazo.

Podemos evaluar la vida y los actos de las personas. Podemos hacer un juicio o crítica porque algo o alguien no nos gusta, pero también podemos aprender a desenvolvernos con personas y/o situaciones que no nos agradan.

Es importante saber que no tiene nada que ver con la resignación. Aceptar es ser capaz de afrontar la vida como viene, aunque no nos guste. Ser críticos con ella y generar alternativas de cambio y afrontamiento.

Resignarse está asociado a rendirse, a no hacer nada, a sentirse derrotado.

Cuando somos incapaces de aceptar, es porque estamos practicando una distorsión cognitiva que se llama Negación. Las personas a las que les cuesta aceptar la realidad, son aquéllas que la niegan, es decir, tienden a rechazar cómo son las cosas y/o las personas.

Se crean un ideal o expectativa que desearían que fuese, negando cómo son realmente. Esto les impide poder aceptar la vida tal cuál es y poder tomar decisiones al respecto.

Se hablan de una forma irreal e incluso infantil. Se dicen mucho, en su diálogo interno, que no quieren las cosas como son ni como la vida se las presenta, que nos les gustan así y que quieren que sean de otra forma.

Tienen dificultades para asumir la realidad. Al negarla, se les vuelve realmente complicado poder asumir los acontecimientos como les vienen y, por otro lado, las consecuencias que suponen.

Confunden el deseo con la realidad y cuando no es lo quieren, lo rechazan. Están acostumbrados, por su historia de vida, a confundir la realidad con lo que desean o les gustaría. Piensan constantemente en cómo desearían que fuesen las cosas. Fantasean a menudo sobre ello y esta forma de afrontar les impide que conecten con la realidad.

Funcionan con un alto nivel de queja. Son personas que han aprendido a quejarse ante las situaciones que no les gustan. ¿Por qué nos quejamos?.

Su mecanismo de funcionamiento es posicionarse desde el victimismo (Triángulo dramático y cómo salir de él ), pero esto les genera muchísimo malestar ya que, al negar constantemente la realidad y, por otro lado, fantasear con cómo les gustaría que fuesen las cosas y lo injusto que les parece que sean de esa forma, aprenden a posicionarse como víctimas desde la queja y la falta de acción y la Toma de decisiones.

Suelen ser Pacientes con alto nivel de resistencias. A estas personas le cuesta mucho el cambio y la acción. Se quedan estáticos en su diálogo interno, en la rumiación y las ideas obsesivas (Pensamientos obsesivos recurrentes), pero no se deciden a tomar decisiones o a introducir cambios.

Además, cuando se les ofrecen alternativas, casi ninguna de ellas les suele parecer bien y, al final, pasan las sesiones sin que pongan en práctica casi ninguno de los recursos que el psicólogo les ofrece.

Existe en ellos una lucha constante por cambiar las cosas y las personas en lugar de adaptarse ellos. Su gran nivel de malestar procede de esa lucha contante con pretender cambiar las cosas y las personas, en lugar de adaptarse a las situaciones.

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Para poder empezar a ser personas que practican la aceptación, hay que cambiar el  diálogo interior. Lo primero que tenemos que hacer es hablarnos desde la sensatez y la racionalidad, siendo claros y concisos con nosotros mismos, como se explica en la imagen. Todo lo demás, no ayuda.

La única capacidad que tiene el ser humano es la de cambiarse a sí mismo, pero estas personas, en lugar de plantearse esto o aprender a adaptarse, luchan de forma impetuosa por cambiar el mundo, algo realmente frustrante, puesto que jamás lo van a conseguir. Por tanto y para modificar esto, hay que empezar por tomar decisiones. Si lo que estás haciendo hasta ahora no te funciona ni te proporciona bienestar, ¿qué tal si pruebas a hacer algo diferente?.

Al final, es importante entender que la aceptación es fundamental en la vida de todas las personas porque conlleva a conseguir paz interior y libertad.

Pero además, es el primer paso para solucionar los problemas. Para poder introducir cambios, es necesario aceptar las circunstancias tal cual vienen, sin quedarse anclado en ellas y en «lo malo que es el mundo y las personas con nosotros». Desde ahí, se pueden generar alternativas. Sin embargo, desde el bloqueo y el rechazo es complicado que una persona pueda movilizarse.

Las teorías de Aceptación y Compromiso, el Mindfulness o simplemente la Meditación,  ¿Por qué es tan importante la meditación?, nos pueden ayudar mucho en este proceso de aceptación.

 

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Preocupación excesiva por los demás

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Seguro que en más de una ocasión has escuchado a alguien decir que es muy empático, que se preocupa en exceso por el otro o que le afecta demasiado lo que les ocurre a los demás.

Pues bien, vamos a ver qué está pasando en esas situaciones, porque al final y sin entrar en egocentrismos, tiene mucho más sentido preocuparse y cuidarse más a uno mismo que al resto. No crees?.

Cuando nos encontramos con una persona que nos describe estas situaciones, podemos saber que están ocurriendo varias cosas.

La primera, es que está llevando a cabo, desempeñando o interpretando la figura del salvador en su vida.

Ya lo explicábamos en el Triángulo dramático y cómo salir de él. Si necesitas ser el salvador del otro, te olvidas de tí mismo, pero, además, estás buscando ser necesario para los demás. Que te necesiten. Es tu forma de sentirte valioso y útil.

Además, esta forma de actuar persigue un objetivo claro; obtener el reconocimiento del otro, ese refuerzo que la persona no sabe darse, debido a una Autoestima dañada que necesita de la valoración y el halago de los demás para sentirse querido.

Estas personas explican que tienen una Empatía excesiva. Que les afecta en exceso lo que les ocurre a los demás.

En esos casos hablamos de Simpatía, de ese exceso de empatía que lleva a la persona a fusionarse con los sentimientos que el otro está expresando y, por tanto, es muy probable que acabe haciendo suyo el problema y aquí es donde viene algo importante.

Cuando una persona practica la simpatía, al final y sin darse cuenta, llega un momento en que ha dejado de preocuparse por el otro y está muy afectado porque, de forma inconsciente, lo que le preocupa realmente es que le pueda ocurrir a él lo mismo.

Aunque en principio pueden parecer personas excesivamente generosas, en el fondo se esconden rasgos narcisistas.

Personas que, de forma consciente o inconsciente, necesitan el reconocimiento constante de los demás, puesto que están buscando sentirse queridos como ellos no saben quererse.

Existe un vacío personal importante que se cubre con esa aprobación, valoración y amor de los demás.

Por eso, al final, realmente no estamos hablando de empatía ni de generosidad como tal.

Estamos hablando de personas muy dependientes. Personas que necesitan ese refuerzo constante para sentirse bien y que, además, lo ofrecen para que les quieran y no les abandonen.

El problema también llega cuando no reciben lo mismo por parte de los demás.

Aquí es donde observamos que no se trata de generosidad sin más.

Cuando el otro no les devuelve lo mismo, porque no tienen esa autoestima dañada y no necesita tanto refuerzo y atención externa, se sienten abandonados, no queridos, injustamente tratados, pero no es real.

Al final, es importante que esa persona trabaje sus valores, sus creencias y su autoestima, para que sea él mismo el que se aporte ese reconocimiento y valor que necesita del otro y se quiera lo suficiente como para no tener que necesitar la aprobación constante de los demás.

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Pensamientos obsesivos recurrentes

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En ocasiones, nos observamos bombardeados por pensamientos recurrentes, que vienen una y otra vez a nuestra mente, sin saber muy bien por qué y, sobre todo y más importante, sin conseguir frenarlos.

Estos pensamientos, suelen tener un carácter obsesivo, resultan muy intrusivos, molestos y, como decíamos más arriba, complicados de controlar.

Además, en la mayoría de los casos, podemos afirmar que, en su base u origen, están muy relacionados, con el miedo ¿A qué tienes miedo?, la inseguridad, ansiedad ¿Para qué nos sirve tener ansiedad? y falta de afrontación o toma de decisiones.

Tras una evaluación con el paciente, donde se pueda descartar algún tipo de trastorno o necesidad de evaluación médica, es importante hacerle saber que no tiene que tener miedo de sus pensamientos, ya que están desarrollando una función en su vida, pero, no son reales, ni tienen por qué ocurrir.

En realidad, esos pensamientos son el resultado de la inseguridad y miedos del paciente, a la hora de enfrentarse a dificultades o situaciones estresantes para él, y están funcionando como forma de no «hacer». De no tener que asumir o resolver aquéllo que le genera miedo o malestar.

Por tanto, poco a poco y siempre supervisado por un profesional, es importante que vaya enfrentándose a sus propios pensamientos y experimentando aquéllas situaciones desagradables que estaba evitando y así comprobar dos cosas: una que efectivamente no eran reales, y dos, que no pasa nada si experimenta esas sensaciones desagradable asociadas a su miedo.

Como he mencionado, esto se lleva a cabo mediante Proceso Terapéutico que requiere de la preparación del paciente y de la previa evaluación y supervisión del psicólogo.

daniel gole

Por otro lado, una vez conseguido lo anterior, siempre les digo a mis pacientes que no se queden sólo rumiando el pensamiento obsesivo, recurrente. Que le planten cara, que lo cuestionen, porque si no, pueden estar rumiando durante días o incluso horas sin saber cómo parar y generándose, ellos mismos, un gran malestar.

Para esto es muy útil el Diálogo o Método Socrático. Con él vamos a responder y cuestionar todos esos pensamientos y a no dejar ninguna pregunta sin respuesta.

El fin u objetivo de este método, es bajar esos pensamientos a la realidad para que no sigan haciéndose más grandes en el limbo de las rumiaciones. Cuestionarlos para ver si realmente nos los creemos o no y darles respuestas racionales para poder entenderlos y afrontarlos.

Efectivamente, este es un método muy útil que consigue que la cantidad de pensamientos obsesivos disminuya, sólo por el hecho de tener que afrontarlos y trabajarlos.

Consigue que se rebajen y pierdan valor en el momento que tenemos que hacernos cargo de ellos y responderlos.

Como he comentado antes, esto requiere la supervisión de un profesional.

Si te sientes identificado con este artículo, pero con consigues controlar por tí mismo esos pensamientos, y el malestar que te produce empieza a tener consecuencias en tu día a día, quizá sea el momento de buscar a la ayuda de un psicólogo.

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¿Por qué es tan importante la meditación?

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Nos pasamos el día pensando en una u otra cosa. Dándole vueltas a la cabeza, sin parar, consciente o inconscientemente.

Algunas personas, incluso, pasan gran parte del día rumiando pensamientos de forma obsesiva, sin ser capaces de pararlo.

Al final, de una forma u otra, estamos constantemente con la mente activa, pensando, ejecutando, poniendo texto a lo que nos ocurre e intentando entender todo lo que nos rodea.

Sin embargo, es fundamental conseguir que la mente «pare», en la medida de lo posible, y conectar más con esa parte corporal y emocional que tan olvidada tenemos.

Una de las mejores formas para conseguir esto es la meditación.

Esta práctica milenaria con origen en la civilización oriental, cada vez tiene más adeptos ya que, aun que no está exenta de dificultad, cuenta con innumerables beneficios.

Si alguien te dice que pares tu mente, que dejes de pensar, lo creerías posible?. Efectivamente y como decimos más arriba, es algo complicado, pero el simple hecho de ponerse a ello e intentarlo, ya es altamente beneficioso.

Al final, la práctica de la meditación no sólo intenta conseguir que nuestra mente se calme, si no también, aprender a conectar con nuestros cuerpo, con las tensiones o molestias que podamos sentir y dónde se están sintiendo, con nuestras emociones, Función de las Emociones, aprendiendo a identificar cuáles son y de dónde vienen y, por supuesto, a aceptar todo lo que está ahí, en nuestro cuerpo y nuestra mente, sin juicio.

Esto se traduce en intentar conseguir que todo lo que percibamos en nuestro cuerpo y todo lo que nos venga a nuestra mente, seamos capaces de entender que forma parte de nosotros mismos y que no se puede rechazar, si no aceptar.

Por otro lado, saber que lo importante de identificar todo esto, no es entenderlo, si no sentirlo y dejar que forme parte de nosotros, sin resistencias.

Es la única forma posible de gestionar todo aquéllo que se percibe y se siente. El integrarlo en uno mismo, desde la aceptación y la compasión.

No sirve de nada preguntarse, por ejemplo, por qué me siento así. Al final, lo único útil es aceptar que me siento así, saber que ahora mismo ese sentimiento forma parte de mi, que estoy en proceso y que debo dejarle estar ahí el tiempo necesario para aprender a gestionarlo.

Esta práctica, como todo proceso, requiere de tiempo y constancia.

Meditar es algo que se aprende muy poco a poco, con mucha paciencia y sin exigencias. Sabiendo y entendiendo que quizá un día tu momento de meditación ha sido muy beneficioso y al siguiente, no has conseguido estar más de 10 segundos sin expulsar pensamientos de tu cabeza.

Además, es fundamental, como ya comentamos más arriba saber que, cuando mi mente se va con pensamientos o ruidos externos, tenemos que ser compasivos con nosotros mismos y no juzgarnos creyendo que lo estamos haciendo mal, ya que esto forma parte del entrenamiento en sí.

Los beneficios de esta práctica son muchísimos:

  1. Fomenta la concentración y la atención.
  2. Reduce el estrés y la ansiedad. ¿Ansiedad o Estrés?
  3. Mejora el estado de ánimo.
  4. Activa zonas del cerebro que están asociadas con la Empatía, la compasión y el amor.
  5. Ayuda a descansar la mente.
  6. Favorece la relajación de las tensiones corporales.
  7. Favorece la gestión emocional. Emociones
  8. Mejora y facilita el sueño.
  9. Mejora la memoria.
  10. Mejora la salud en general.

Así que, si te animas a comenzar con esta maravillosa práctica, aquí te dejo tres libros que a mi, personalmente, me han parecido sencillos e interesantes:

«Biografía del silencio», de Pablo D´Ors.

«Meditación paso a paso», del Dalai Lama.

«El gran libro de la meditación», de Ramiro Calle.

 

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