¿Cómo influye el estilo de apego en tu relación de pareja?

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En anteriores entradas hablamos del apego. ¿A qué nos referimos cuando hablamos de Apego?

Explicamos en qué consiste y cómo puede condicionarnos en el futuro.

Pues bien, una de las formas donde nuestro estilo de apego se muestra con más claridad, es en las relaciones de pareja.

Considerando que el estilo de apego es el vínculo afectivo más primario y aquél que el bebé adquiere durante su primer año de vida, es lógico pensar que pueda afectar a la hora de relacionarnos con nuestras parejas.

¿Pero por qué el apego es tan importante?. Porque a través de ese vínculo, el bebé aprende a cubrir una necesidad fundamental: la seguridad emocional, algo que le proporciona autoestima, cuidado, aceptación y amor.

Si esas necesidades son cubiertas durante la infancia, el adulto tendrá un estilo de apego seguro. Si no han sido cubiertas, o sólo ha recibido alguna de ellas y no en todas las ocasiones requeridas, el adulto tendrá un estilo de apego inseguro, bien ansioso, bien evitativo.

La persona con un estilo de apego seguro tiene una vida emocional, social y afectiva más estable, además de tener un nivel mayor de autoestima, algo que se ve reflejado en sus relaciones de pareja, puesto que afrontan los conflictos con calma, Empatía y comunicación eficaz. Comunicación Eficaz en Pareja

Además, no se sienten invadidos por un alto nivel de intimidad en la pareja.

Asumen el compromiso como una parte necesaria de las relaciones y se sienten cómodos en pareja y también sin ella.

Son personas afectuosas, que además expresan muy bien sus necesidades y que saben ofrecer apoyo emocional a sus parejas.

Aquéllas que tienen un estilo de apego inseguro-ansioso, poseen un nivel de Autoestima y de autonomía más bajo, puesto que son más inseguras. Tienen una mayor necesidad de estar en pareja para no sentirse solos puesto que, cuando permanecen solteros, se sienten incompletos.

Además, cuando están en pareja, presentan cierta inestabilidad emocional, con cambios en su estado de humor, debido a miedos y dudas en cada conflicto o desacuerdo, que sólo se calman con aprobación, cariño y comunicación constante.

Para este tipo de personas, las relaciones requieren un alto grado de esfuerzo y energía a nivel emocional puesto que se mueven, constantemente, en una necesidad de compromiso y cercanía y, a la vez, de miedo a la ruptura o abandono por parte de sus parejas.

Las personas con un estilo de apego inseguro-evitativo, se caracterizan, principalmente, por el miedo a la intimidad y al compromiso dentro de una relación de pareja. Para ellos, este nivel de cercanía les produce incomodidad y ansiedad, por tanto, lo evitan todo lo que les es posible.

Les cuesta mucho comunicarse y expresar sus Emociones, así como aceptar, entender y recoger las de su pareja. No tiene esas habilidades, (¿Qué son las Habilidades Sociales?), por lo que se sienten incómodos en situaciones de cercanía e intimidad.

Cualquier discusión de pareja, sea por un tema importante o por una cuestión banal, para ellos es de vital importancia y lo luchan hasta el nivel máximo puesto que representa una forma de poner límites a su pareja y no dejar que se traspase esa barrera que les protege de la intimidad y el compromiso.

Por todo esto, es importante saber identificar tu estilo de apego y ver así cuáles son tus necesidades dentro de una relación de pareja.

Es también fundamental poder saber qué estilo de apego tienen aquéllas personas que, a lo largo de tu vida, vas conociendo como posibles futuras parejas y comprobar si, por su estilo de apego, podrían cubrir tus necesidades dentro de una relación amorosa.

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Decir lo que pensamos dentro del marco del respeto

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¿Qué es más efectivo, la capacidad comunicativa y expresiva o la asertividad que permite respetarnos y respetar las opiniones del otro?

En realidad, una cosa sin la otra no tienen mucho sentido. Tan importante es saber expresar nuestras opiniones, como hacerlo dentro de un marco de respeto, donde se aceptan, de forma asertiva, las ideas del receptor.

Ésta es una habilidad social más, muy útil y necesaria, para poder relacionarnos de forma efectiva, como las ya comentadas en la entrada sobre ¿Qué son las Habilidades Sociales?

Conseguir esta habilidad comunicativa representa la Asertividad en su máxima expresión.

Cómo podemos contribuir a la hora de expresar nuestro diálogo con seguridad y, a la vez, mostrar respeto por el diálogo de nuestro interlocutor:

  1. Nuestro tono de voz tiene que ser firme, relajado, afectivo y bien modulado.
  2. La mirada tiene que ser sincera, expresar interés y mirar a los ojos.
  3. En cuanto a nuestra postura, los adecuado es que sea relajada, tranquila y siempre hacia la persona que habla.
  4. Por último, nuestras manos se moverán relajadas, naturales y con movimientos acogedores hacia el otro.

De las misma forma que, cuando alguien no se quiere a sí mismo es complicado que pueda querer a otro de una forma sana, si una persona no se respeta a sí misma tendrá más problemas a la hora de respetar a los demás, en cualquier área vital.

Relacionado con la comunicación y con las habilidades explicadas, una persona que no se quiere ni se respeta a sí misma, que duda de sus propios pensamientos y presenta una baja autoestima, seguramente, a la hora de mantener una conversación con otra persona y enfrentarse a argumentos totalmente contrarios a los suyos, es muy probable que acabe alterándose y ofendiéndose ante ideas que no se asimilan a las suyas.

Es muy importante saber qué derechos asertivos tenemos puesto que, teniéndolo claro, la comunicación nos resultará más sencilla, efectiva y respetuosa.

Algunos de ellos son los siguientes:

  1. Tengo derecho a ser tratado con respeto y dignidad.
  2. Tengo derecho a tener y expresar mis propias opiniones.
  3. Tengo derecho a pedir información y aclaraciones.
  4. Tengo derecho a detenerme y pensar antes de actuar.
  5. Tengo derecho a experimentar y expresar mis propios sentimientos, así como a ser su único juez.
  6. Tengo derecho a decir “no” sin sentir culpa.
  7. Tengo derecho a pedir lo que quiero.
  8. Tengo derecho a tener mis propias necesidades y que estas sean tan importantes como las de los demás.
  9. Tengo derecho a no satisfacer las necesidades y expectativas de otras personas y comportarme siguiendo mis propios intereses.
  10. Tengo derecho a no anticiparme a los deseos y necesidades de los demás y a no tener que intuirlos.
  11. Tengo derecho a protestar cuando se me trata injustamente.
  12. Tengo derecho a sentir y expresar el dolor.
  13. Tengo derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los demás.
  14. Tengo derecho a elegir entre responder o no hacerlo.
  15. Tengo derecho a cambiar de opinión o a cambiar mi forma de actuar.
  16. Tengo derecho a no tener que justificarme ante los demás.
  17. Tengo derecho a cometer errores.
  18. Tengo derecho a hacer menos de lo que soy capaz de hacer.
  19. Tengo derecho a tener éxito y superarme, aun superando a los demás.

Cuando conseguimos interiorizar todos estos derechos asertivos y hacerlos parte de nuestra forma de vida y experiencia vital, resulta muchos más sencillo ser asertivo, comunicarse de forma efectiva y tratar al otro con el respeto que se merece, aquél con el que desearíamos nos trataran a nosotros mismos.

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¿Por qué la empatía es tan importante?

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En anteriores entradas hemos hablados de la Empatía.

Pero, realmente, ¿por qué es tan importante poder y saber empatizar con el otro?.

Cuando una persona está pasando por un mal momento, tiene algún problema personal, laboral, familiar o de pareja y busca un amigo o compañero para mantener una conversación y, como solemos decir, “desahogarse”, si la otra persona no le presta atención, si no practica la escucha activa ni le mira a los ojos o, si hace todas estas cosas pero, al final, le comenta que no entiende lo que le está pasando, probablemente la otra persona se sienta igual o incluso peor que antes de explicarle su problema.

Hay personas que sí saben escuchar de forma activa, pero no tienen la capacidad de comprender aquéllas situaciones por las que ellos no han pasado o entender los problemas que no ha experimentado.

Es muy importante decir que no es necesario haber experimentado la situación concreta que le esté ocurriendo al otro, para poder ponernos en su lugar, entenderle y prestarle el apoyo que pueda necesitar, en ese momento concreto.

Como ya hemos explicado en otras entradas, la Inteligencia Emocional es fundamental para desarrollar empatía. Nos ayuda a entender, identificar y gestionar nuestras emociones y las del otro, por este motivo, es mucho más fácil que alguien con un buen nivel de inteligencia emocional, pueda empatizar con nosotros.

¿Qué ocurre cuando una persona, ante cualquier situación, no siente esa empatía y no es capaz de ver ni entender lo que le ocurre al otro?. Más específico aún, ¿qué ocurre cuando una persona no siente culpa ni remordimiento ante el daño causado y no entiende ni empatiza con el otro, aunque le vea sufrir por sus propias conductas?.

En este caso, podríamos identificar a esa persona como alguien con rasgos de psicopatía, entendida como lo contrario a la empatía.

Se considera psicopatía a la incapacidad para sentir dolor, culpa o remordimiento, por el daño o sufrimiento causado al otro.

Este tipo de personas, aunque cometan un acto que dañe al otro, no podrán ver ni empatizar con su sufrimiento. No serán capaces de sentirse culpables por el dolor causado y, mucho menos, sentirán arrepentimiento ni pedirán disculpas.

Así, podemos ver, de nuevo, la importancia de saber empatizar con las personas.

Tan dañino es un exceso de empatía que sólo nos llevará a hacer nuestros los problemas del otro, como la psicopatía, que nos hará fríos e insensibles ante el sufrimiento ajeno.

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¿A qué nos referimos cuando hablamos de Apego?

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¿Nunca te has planteado por qué hay niños extrovertidos que se van con cualquier miembro de la familia y otros que lloran si desaparece la madre de su círculo de visión?.

O ¿por qué hay miembros de una pareja que son más independientes y necesitan su espacio, mientras que otros prefieren hacer casi todo en compañía de su pareja?.

Pues bien, además de otros factores como la genética, se debe al sistema de apego que se haya adquirido durante la infancia. Se considera un vínculo emocional que el niño desarrolla con sus padres o cuidadores.

Este apego será seguro o inseguro en base a la respuesta de los padres o cuidadores durante esa etapa. Si los padres están presentes, si le dan cariño, le refuerzan y motivan, los niños adquirirán un estilo de apego seguro.

Si, por el contrario, son padres que no suelen estar presentes, que no se comunican con el niño, que le gritan y/o no le prestan atención, que no le estimulan para que pueda hacer cosas por sí mismo, su sistema de apego será inseguro, bien ansioso o bien evitativo.

Lo fundamental para que un niño desarrolle un sistema de apego seguro, es que sus padres le proporcionen, ante todo, cariño y seguridad. Esto hará que el pequeño crezca sin miedos, considerándose una persona querida e importante que desarrollará una buena autoestima.

Por supuesto, el sistema de apego que se ha adquirido en la infancia, influye en la forma en la que nos relacionamos y en el tipo de pareja que escogemos y, por supuesto, en cómo interactuamos con ella.

Las personas con apego seguro suelen sentirse más cómodos con parejas con su mismo estilo de apego, aquél que no se siente incómodo con la relación, ni con un buen nivel de intimidad.

Tienen capacidad para resolver los conflictos con calma y empatía y no suelen sentirse atacados por su pareja cuando esta comete algún error y le ofende.

Su sistema de apego les ha convertido en personas lo suficientemente seguras como para saber que todo ser humano se compone de virtudes y defectos, que puede equivocarse y expresar algo de forma incorrecta y no interpretarlo como algo personal.

Por el contrario, las personas inseguras no actúan de esta forma.

Las evitativas se sienten incómodas con un nivel de intimidad alto. Necesitan su espacio constantemente y sí se toman los conflictos como algo personal, pasando a ver la peor parte de su pareja en cada discusión.

Las ansiosas, por su parte, tienen un alto nivel de dependencia hacia su pareja. Cada discusión supone un momento de miedo y dudas sobre si la relación se terminará o no. Suelen idealizar a la pareja puesto que, al sentirse seguras a su lado, se convierte en una figura de referencia para su bienestar emocional.

Ambos, el evitativo y el ansioso, son estilos de apego inseguros, que suelen emparejarse entre sí por infinidad de motivos, entre ellos porque, al ser las relaciones más complicadas para este tipo de personas, suelen estar solteros más tiempo.

Además, porque el sistema de apego de estas personas se activa al relacionarse con su opuesto y eso, muchas veces, tiende a confundirse con amor, cuando sólo es un sistema de apego activado, como le ocurre a un niño cuando su madre sale de la habitación en la que se encuentran.

Por otro lado, porque las personas seguras tienen más habilidades para que su relación de pareja funcione y, por tanto, están mas tiempo emparejados.

El tema de los sistema de apego es complejo y extenso, por lo que requiere tratarlo en posteriores entradas.

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¿Qué significa ser valiente?

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(Sé valiente, incluso si no pretendes serlo)

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Ser valiente es tener la capacidad para superar los miedos o los retos y superarse.

Es la capacidad para afrontar las situaciones más complicadas, poniéndonos a prueba y aprovechando la situación para crecer a nivel personal.

Sin el reconocimiento de nuestras miedos y la decisión firme de superarlos, no existiría la valentía, por tanto, el primer paso para comenzar a ser valiente es preguntarse ¿qué te da miedo realmente?. ¿A qué tienes miedo?.

¿Qué diferencia existe entre miedo y coraje?.

“Solía decir que había una diferencia entre la valentía y el coraje. Valentía era hacer algo peligroso sin pensar. Coraje era caminar hacia el peligro, a sabiendas de los riesgos”  Gayle Forman.

En la valentía podría haber un trasfondo de demostrar algo, bien a uno mismo, bien a los demás, que lo diferenciaría del coraje.

¿Qué podemos hacer para conseguir ser valientes y afrontar nuestros miedos?. Además de reconocerlos e identificarlos, como ya hemos comentado:

  1. Es muy útil practicar técnicas de relajación y respiración que nos ayuden a afrontar nuestros miedos desde la calma y no desde la ansiedad.
  2. Analizar la situación  y buscar posibles alternativas.
  3. Cambiar nuestros diálogo interno. En vez de decirnos que no podemos y que la situación nos va a superar, repetirnos que es posible y que somos capaces.
  4. Visualizar nuestro objetivo.
  5. Pasar a la acción.

Si aún así, no lo consigues, seguramente te sentirás mejor contigo mismo y volverás a intentarlo, puesto que, las emociones y sensaciones que produce el hecho de intentar superar nuestros miedos, son adictivas para el cuerpo y la mente.

A medida que lo vayas intentando, será más fácil conseguir tu objetivo y te sentirás mucho más realizado contigo mismo.

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¿Por qué nos quejamos?

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Hablamos de queja cuando nos referimos a la expresión o presentación de un disgusto, enfado o disconformidad.

Esa exposición de lo que no nos gusta o desagrada es común y natural en todas las personas.

La problema surge si vives instalado en la queja, es decir, cuántas veces te quejas al día?. Es tu forma habitual de funcionar y te aferras a ella como forma de expresar tus pensamientos o Emociones?. Estás focalizado en lo negativo?. Piénsalo por un momento…

Si es así, piensa que, realmente, la queja no soluciona nada porque no es una forma efectiva de expresar lo que no nos gusta y, además, no aporta soluciones, solo es una forma inadecuada de desahogo.

Por otro lado, cuando la persona se queja constantemente, está limitando su bienestar al estar enfocado en lo negativo y en la recriminación, pero, además, también limita el bienestar de la gente que le rodea, puesto que transmite esa negatividad y esa sensación de no estar nunca conforme con lo que tiene.

Si esto es así y la queja no tiene una función adaptativa, por qué nos quejamos?.

  1. Porque le proporciona a la persona una posición cómoda, aunque a veces ésta no sea consciente, puesto que, en ocasiones, sirve para que los demás estén más pendientes de esa persona.
  2. Por otro lado, también proporciona cierta comodidad ya que, la queja constante, hace que, muchas veces, el otro asuma ciertas tareas o responsabilidades, para evitar escuchar la queja.
  3. Además, evita que la persona que se queja tenga que asumir ciertas responsabilidades, diciendo que no sabe, no puede o le da miedo afrontar ciertas situaciones y, por tanto, es el otro el que las lleva a cabo.
  4. Le proporciona a la persona que se queja una posición de “víctima” que se convierte en un papel, a veces inconsciente, por el que consigue más privilegios o atención.
  5. Por otro lado, cuando nos quejamos, responsabilizamos al otro de nuestro malestar y así no tenemos que coger las riendas de nuestros problemas, porque le damos una atribución externa a lo que nos ocurre.

Pero, al final, esto acarrea una serie de consecuencias:

  1. Dependencia excesiva del otro para resolver nuestros problemas.
  2. Desilusión ante nuestra vida o nuestro entorno ya que, al vivir instalado en esa negatividad, al final nos creemos que realmente, nuestra vida no nos hace feliz.
  3. Búsqueda constante de la felicidad ya que se llega a creer que, ante tanto acontecimiento negativo, aunque no sea real, no somos felices.
  4. Cansancio o agotamiento.
  5. Disminuye la Toma de decisiones
  6. Disminución para resolver nuestros problemas.

Pero, lo importante es lo que podemos hacer ante todo esto.

  1. Lo primero y fundamental es ser conscientes  de que, realmente, estamos instalados en la queja. Para saberlo, piensa cuántas cosas te molestan a lo largo del día, expresadas o no.
  2. Cuando lo tengas identificado, es importante sustituir el pensamiento asociado a esa queja por otro más positivo y resolutivo. Busca soluciones y alternativas.
  3. Poco a poco, intenta pasar a la acción y solucionar lo que no te agrada. Que no sea el otro el que solventa aquéllo que te molesta.
  4. Asumir e integrar que la queja no soluciona, sólo desahoga, transmite negatividad y disminuye el bienestar propio y el de los demás.

Si aún así, no consigues salir de esta espiral de quejas, te animo a que busques la ayuda de un profesional para comenzar un Proceso Terapéutico.

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¿A qué tienes miedo?

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El miedo es una emoción caracterizada por una intensa sensación de percepción, real o imaginaria, de peligro. Se refiere a algo concreto que genera ansiedad o incluso pánico.

Todos los seres humanos tienen miedo. Los animales también perciben esta sensación.

Aunque el miedo, realmente, sólo está en nuestra mente, tiene una función, como todas las emociones. Función de las Emociones.

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¿Cuál es esta función?. En principio, la supervivencia puesto que, si viviésemos sin miedo, moriríamos. Al no temer a nada estaríamos poniendo nuestra vida en peligro constantemente.

El problema viene cuando adquirimos miedos irracionales y disfuncionales y llegamos a sentir un miedo muy intenso en relación a algo que no es una amenaza real y que genera incluso más malestar que el posible “peligro” en cuestión. Por ejemplo el miedo a hablar en público, que puede llegar a paralizar a una persona siendo esto más invalidante aun  que el hecho de exponerse ante un grupo de personas.

¿Qué podemos hacer para gestionar esta emoción?. Lo primero es preguntarnos hasta qué punto nos está condicionando la vida. Si la respuesta es mucho, sería importante aprender a gestionar ese miedo mediante un Proceso Terapéutico.

La mejor forma de tratar un miedo es ver sobre qué creencias está asentado y, por otro lado, aprender a gestionar las emociones. Un buen uso de nuestra Inteligencia Emocional ayudará a reinterpretar el miedo y transformar esa emoción disfuncional en funcional.

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Después de las vacaciones

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Parece que después de esos días de relax y desconexión, todo vuelve a la normalidad.

Los hijos comienzan el colegio, los padres se reincorporan a sus puestos de trabajo y el estrés y la rutina vuelven a estar presentes en el día a día.

Si la vuelta a la normalidad te está generando demasiado estrés o durante el periodo vacacional se han generado conflictos familiares o de pareja, te invitamos a leer nuestra última entrada Proceso Terapéutico.

Si necesitas contar con nosotros, estaremos encantados de ayudarte y de trabajar contigo aquéllo que te está generando malestar.

Te recordamos que estamos en Calle Ferraz 43, Argüelles, Madrid. Puedes visitarnos en nuestra página web http://www.amayamarcospsicologa.com.

 

Proceso Terapéutico

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En anteriores entradas publicadas hemos explicado diferentes recursos para poder abordar situaciones de crisis, conflicto o malestar, siempre especificando que, si esos recursos no son suficiente para poder solventar el problema en cuestión, sería necesario comenzar una Terapia Psicológica con un profesional.

¿Pero a qué nos referimos cuando hablamos de terapia en Psicología?

Puesto que cada persona es única, cada proceso terapéutico también lo es, pero siempre es importante saber que se desarrolla en un contexto de absoluta confidencial y con  un Psicólogo colegiado que está obligado a cumplir un código deontológico, por el cual, toda la información proporcionada por el paciente queda protegida en ficheros privados.

Además, se desarrolla en un contexto de empatía y cercanía para que ese paciente pueda crear un vínculo con el profesional y sentirse cómodo y seguro a la hora de expresar pensamientos y emociones sin miedo a ser juzgado o criticado.

Es muy importante asumir que la terapia es un trabajo del paciente. El psicólogo es el que orienta y proporciona los recursos y herramientas para tratar el problema en cuestión, pero es la persona la que debe integrar esas estrategias en su día a día para conseguir ese bienestar emocional que busca con la terapia.

Cada profesional diseñará su proceso en base a la experiencia y resultados obtenidos, en el pasado, pero, en mi caso concreto, el proceso terapéutico se compone de las siguientes fases:

  • Primera entrevista (gratuita y sin compromiso), para que la persona pueda valorar si se siente cómoda con el profesional y si le apetece comenzar la terapia y también para que el psicólogo se haga una idea de lo que está ocurriendo en la vida de ese paciente.
  • Unas 4 sesiones de evaluación donde, a través de entrevistas, pruebas, registros y test, se recopila toda la información necesaria para poder tener totalmente claro qué esta pasando, desde cuándo, qué lo mantiene en el momento presente, qué conductas, pensamientos y emociones tiene asociadas el paciente a ese problema y con qué técnicas se puede solventar.
  • Una sesión de devolución donde se le explica al paciente todo lo que se ha visto en la evaluación, cómo está funcionando la persona y por qué y de qué forma se puede resolver. Por supuesto, es una sesión donde es fundamental saber si el paciente está de acuerdo, lo ha comprendido todo y desea empezar a trabajar (aunque es muy importante saber que el trabajo comienza ya en la primera sesión, donde la persona empieza a hacerse consciente de lo que le está ocurriendo, a integrarlo en su día a día y entender por qué tiene determinados pensamientos y determinadas emociones.
  • Tratamiento. Son las sesiones destinadas a conseguir los objetivos establecido por paciente y terapeuta en la terapia. Dependiendo del problema en cuestión y del trabajo del paciente, el tratamiento será más o menos largo, pero es complicado establecer un tiempo determinado.
  • Prevención de recaídas y sobregeneralización. Con esto nos referimos a unas dos sesiones, donde se hace un repaso general de la terapia, se compara el estado inicial y final del paciente, se analiza la evolución y se identifican posibles situaciones futuras de riesgo, para comprobar que el paciente tiene los recursos necesarios para afrontarlos y sobregeneralizar así lo aprendido en el proceso terapéutico.
  • Alta terapéutica y despedida. Es la última sesión donde, en mi caso, siempre preparo una despedida personalizada para cada paciente, en base a la problemática concreta de esa persona. Momento muy bonito por poder observar los logros conseguidos y muy emotivo por despedirse de una gran persona que ha sido valiente y maravillosa por atreverse a “convertirse en mariposa” y dejar que le acompañemos en ese proceso.

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Toma de decisiones

 

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Todos los días estamos expuestos al hecho de tener que tomar decisiones. Qué ropa nos ponemos, qué menú elegimos para comer o qué libro nos apetece leer son algunos ejemplos de ello.

Estamos tan acostumbrados a tener que tomar decisiones varias veces al día que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta, si se trata, eso sí, de cosas cotidianas, como en los ejemplos que hemos comentado.

El problema llega cuando nos encontramos ante una situación compleja y no sabemos por dónde salir ni qué camino tomar. Aquí es cuando nos hacemos conscientes de las variables que forman parte del proceso de toma de decisiones.

Este proceso de toma de decisiones se define como la capacidad para recopilar toda la información y datos posibles de la situación, saber definir el problema en cuestión, poder generar diversas alternativas, valorar los pros y contras de las mismas y, finalmente, seleccionar la acción más adecuada.

Pero esto no es tarea fácil y, por ello, es uno de los temas más tratados en terapia.

Una forma sencilla y esquemática que te puede ayudar a la hora de tomar una decisión es la expuesta en la siguiente foto:

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No obstante, si este pequeño esquema no te ayuda a conseguir valorar las posibilidades de tu actual situación, ni te sientes capaz de tomar una decisión adecuada porque te sientes inseguro, quizá sea el momento de buscar la ayuda de un profesional y comenzar una Terapia Psicológica.

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