Papel del acompañante en el Duelo

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En esta entrada vamos a ver la importancia que tiene el papel de las personas que acompañan al doliente, en el proceso de duelo.

Es importante saber cómo actuar ante la complejidad que supone que un amigo o familiar esté pasando por un proceso de duelo.

Como decía Martínez Gorriarán: acompañar desinteresadamente a la persona a la que se compadece, que muchas veces dista bastante de ser una compañía placentera y no va a poder correspondernos, es un ejercicio práctico de compasión y añade que ésta se entiende en términos de “compañía, calor humano, afecto práctico y personalizado”.

Acompañar en el proceso de duelo no es tarea fácil, sobre todo si desconocemos lo que es en sí un proceso de Duelo y/o no tenemos claro qué reacciones, síntomas, pensamientos y emociones pueden acompañar al mismo (Síntomas de las fases del duelo).

Pero, realmente, qué significa acompañar al alguien mientras está pasando por un proceso de duelo:

  1. Aceptar la expresión emocional del otro en toda su intensidad (silencios, enfados, etc).
  2. Comprender sin juzgar. Es importante que pueda expresar el dolor que está experimentando sin ningún tipo de juicio.
  3. Compartir su dolor. Muchas veces escuchar es suficiente.
  4. Servir de apoyo sin esperar nada a cambio. La persona que está sufriendo las emociones del duelo, normalmente, sufre desafección emocional y no es capaz de dar amor o cariño al otro.
  5. Acompañar a la familia en su proceso de duelo, ayudarles en sus decisiones, gestiones, etc.
  6. Mantener la serenidad ante las transformaciones que va a experimentar la familia. Cuando fallece una persona, el grupo familiar se desestructura durante el duelo, para volver a estructurarse poco a poco, de nuevo, sin ese miembro. Es importante entender este proceso.
  7. Respetar las creencias de la familia aunque no las compartamos. Dependiendo de las creencias, valores y religión de cada persona, la muerte se interpretará de una forma u otra.
  8. Mostrar compasión y Empatía, sabiendo que el mayor peso lo lleva el doliente.

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Inteligencia Emocional

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La Inteligencia Emocional es la capacidad para comprender las emociones y conducirlas y gestionarlas de forma que podamos utilizarlas para guiar nuestra conducta y nuestros procesos de pensamiento y producir mejores resultados.

Relacionada con las entradas sobre ¿Qué son las Habilidades Sociales? y Emociones, la Inteligencia Emocional estaría compuesta por:

-El Conocimiento de las propias emociones: capacidad para reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece.

-La Capacidad para controlar  esas emociones: adecuarlas a cada momento sin que nos veamos arrastrados por ellas.

-La Capacidad de motivarse a sí mismo: La satisfacción del rendimiento induce a rendir más aún.

-El Reconocimiento de emociones ajenas: capacidad empática (Empatía) que posibilita la predisposición de admitir las emociones de los demás, escucharlas y comprenderlas desde la perspectiva del otro.

-El Control de las relaciones: para hacerlas adecuadas y satisfactorias con los demás, en cada momento.

La Inteligencia Emocional es fundamental para la adecuada identificación y gestión de las emociones propias y ajenas y, por tanto, para el funcionamiento óptimo y adaptativo en las relaciones con el otro.

Hay que educar con amor, de forma que se estimule y se promueva la inteligencia emocional. Un elevado cociente intelectual se queda incompleto si no va acompañado de Inteligencia Emocional.

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Estilos de Comunicación ( Agresivo-Asertivo-Pasivo)

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Siguiendo con la entrada sobre ¿Qué son las Habilidades Sociales? y relacionado con  la Asertividad, vamos a explicar los diferentes estilos comunicativos existentes.

La asertividad se mueve en un continuo, donde aparecen tres estilos comunicativos que se mueven en base a dos polos, el estilo pasivo y el estilo agresivo, el estilo asertivo sería la balanza de ambos polos.

Agresivo——————————————Asertivo———————————————-Pasivo

Cuando alguien actúa de forma pasiva no se expresa a sí mismo. Deja que las demás personas le manden, le digan lo que tiene que hacer y, generalmente, no defiende sus propios derechos. Por regla general, sus necesidades, opiniones o sentimientos son ignorados, y puede que otras personas se aprovechen de él.

VOZ. Débil, temblorosa; volumen bajo.

MIRADA. Evita el contacto visual; ojos caídos y llorosos.

POSTURA. Agachada; mueve la cabeza en forma afirmativa constantemente.

MANOS. Temblorosas y sudorosas.

En el otro extremo se encuentran las personas que son agresivas. Son mandones, intimidan a los demás, los critican y los humillan. Sólo se preocupan por conseguir lo que ellos desean y cuando ellos quieren. Rara vez se preocupan por los sentimientos de los demás y, con frecuencia se meten en líos o peleas.

VOZ. Fuerte; con frecuencia grita; voz fría y autoritaria.

MIRADA. Sin expresión; fija, penetrante y orgullosa.

POSTURA. Rígida; desafiante y soberbia.

MANOS. Usa el dedo acusatorio; movimientos de rechazo o aprobatorios.

La asertividad es una habilidad social, y por lo tanto debe incluirse en nuestra comunicación con los demás, la asertividad se refiere a la capacidad de la persona para defender los derechos, conductas y pensamientos de cada uno sin agredir a los demás ni ser agredido por estos, en lo que se refiere a la comunicación con los demás.

VOZ. Firme; calurosa; relajada; bien modulada.

MIRADA. Ve a los ojos; mirada franca; ojos expresivos.

POSTURA. Bien balanceada; relajada y tranquila.

MANOS. Movimientos relajados, naturales y acogedores.

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¿Qué son las Habilidades Sociales?

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Las habilidades sociales son los hábitos o conductas que nos sirven para comunicarnos de forma eficaz con los demás, para mantener relaciones satisfactorias, para alcanzar los objetivos que queremos conseguir sin que otros nos lo impidan, para saber afrontar una crítica o hacer una petición de forma adecuada, etc. Es, por tanto, la capacidad de relacionarnos con los demás obteniendo el máximo beneficio y las mínimas consecuencias negativas.

Los seres humanos vivimos en sociedad. Por este motivo, la comprensión de las relaciones y del funcionamiento de las personas es algo imprescindible para una vida emocionalmente sana y para una adecuada interacción con los demás. Esto es importante porque tiene repercusión en los demás ámbitos de nuestra vida, laboral, familiar, sentimental, personal, etc.

No saber relacionarnos con los demás, no ser capaz de hablar en público, no poder realizar una entrevista de trabajo, afrontar una crítica o solicitar un cambio sobre algo que no nos gusta, es parte de nuestro día a día y si no sabemos afrontarlo porque carecemos de esas habilidades, puede suponernos un problema que quizá derive en ansiedad, aislamiento social, baja autoestima, etc. Estos ejemplos ilustran situaciones de personas que carecen de ciertas habilidades sociales, aunque existen muchísimos más, porque, en nuestro día a día, estamos en constante interacción con personas.

Estos son algunos ejemplos de habilidades sociales:

  • HACER UN CUMPLIDO cuando te gusta algo de una persona
  • PEDIR UN FAVOR cuando necesitas algo
  • DECIR GRACIAS cuando te ayudan
  • SALUDAR, decir las buenas horas

Otras habilidades son más difíciles:

  • Pedir un CAMBIO DE COMPORTAMIENTO a otros
  • DECIR NO a un amigo cuando nos pide un favor, de forma que no se enfade
  • RESOLVER UN CONFLICTO, un problema

Para poder fomentar las habilidades que ya tenemos o adquirir nuevas, es fundamental trabajar la comunicación, la Empatía, la Asertividad, la escucha activa, etc.

En la entrada sobre Comunicación Eficaz en Pareja, se habla de estas y otras habilidades sociales.

Te invito a pensar cuáles son tus habilidades y cuáles crees que pones en práctica en tu día día.

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Síntomas de las fases del duelo

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Siguiendo con la entrada sobre Duelo de hace unos días, hoy vamos a exponer algunos de los síntomas característicos de las diferentes etapas del duelo y cómo podemos afrontarlo.

Fases Síntomas Como tratarlos
Negación ¡No, no es verdad!

Parece que le veo

Estoy como en una nube

No forzar la aceptación,

dejar que marque su ritmo

Contestar preguntas de manera realista

Estar a su disposición

Ira ¡Porqué a mi!,

¡Nadie me comprende!,

¡No sabes como me siento!

Sentimiento de injusticia

Facilitar la expresión de la ira.

No responder a sus enfados

Culpa ¡Si me hubiera enterado antes de la

enfermedad!

¡Si no le hubiera gritado…!

¡Si hubiera actuado de otra manera

Ayuda para comprender y

manejar sentimientos.

Aportar respeto y escucha

Depresión La muerte se hace más consciente

La realidad comienza a imponerse.

Asuntos pendientes.

Objetivos no alcanzados en vida

Descubrir las causas de la depresión.

Respetar momentos de soledad

Aceptación Resignación ante la muerte,

no estoy ni deprimido ni animado.

Debo de seguir adelante

Reforzar las actitudes positivas.

No forzar, plantearle actividades

 

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Duelo

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Según  J. Montolla “en ninguna otra situación como en el duelo, el dolor producido es total; es un dolor biológico (duele el cuerpo), psicológico (duele la personalidad), social (duele la sociedad y su forma de ser), familiar (duele el dolor de los otros), y espiritual (duele el alma). En la pérdida de un ser querido duele el pasado, el presente y especialmente el futuro. Toda la vida en su conjunto duele”.

El duelo es un sentimiento de pérdida en relación a algo que ya no podremos volver a tener. Es un proceso psicológico que suele asociarse a la muerte de un ser querido, pero hay otras muchas causas que pueden generarlo, como un despido, un aborto, el diagnóstico de una enfermedad, un divorcio, el final de una etapa vital como la jubilación, etc. Al ser un tema muy extenso, en este caso, nos centraremos en el duelo tras la pérdida de un ser querido.

Lo que sí hay que tener claro ante un proceso de duelo, es que estamos hablando de una experiencia humana, normal y universal que vamos a experimentar en algún momento de nuestra historia vital.

A la hora de elaborar un proceso de duelo habría que atravesar cinco etapas, aunque esto dependerá de la persona, del vínculo emocional con aquéllo que se ha perdido y de si ese duelo sigue un curso normal o se convierte en un duelo patológico.

Estas cinco etapas serían las siguientes:

Negación: puede durar unas horas o un tiempo ilimitado. Es una respuesta normal e inconsciente del ser humano, como mecanismo de defensa, pero que dificulta la toma de conciencia de esa pérdida, puesto que el doliente no es consciente aún de las consecuencias de lo ocurrido, algo que puede llegar a producir pseudo-alucinaciones en las que se tiene la sensación de percibir al fallecido.

Ira: es la rabia y enfado hacia uno mismo y/o hacia la situación, incluso hacia los demás, que se produce por la sensación de vacío tras la pérdida. En esta etapa es muy común escuchar al doliente preguntas como “¿por qué a mi?”.

Culpa: suele ser la etapa más difícil a la hora de elaborar un proceso de duelo, puesto que la culpa suele estar presente incluso mucho tiempo después de la pérdida. El doliente intenta buscar explicaciones para la nueva situación y tras no encontrarlas, acaba culpabilizándose mediante pensamientos recurrentes como “si hubiera estado más pendiente”, “si no hubiera discutido antes de irse a trabajar”, “si hubiéramos buscado un médico mejor”, etc.

Tristeza-depresión: aquí el doliente comienza a tomar conciencia de la situación. Intenta recordar cómo era su vida antes de esa pérdida a través de recuerdos, fotos, objetos,…para poder experimentar sensaciones de nostalgia que, poco a poco, irán disminuyendo. Al ir asimilando el dolor se empieza a generar cierto miedo o inseguridad ante la nueva situación de futuro y el vacío generado por la persona que ya no está. Aquí es normal escuchar frases como ¿y ahora qué hago yo?, ¿qué va a pasar con mi vida?, etc.

Aceptación: es la última fase en la elaboración del duelo, donde se comienza a aceptar la pérdida y se intenta rehacer la vida. Es muy normal en esta etapa empezar a desprenderse de ciertos objetos de la persona que se ha perdido y comenzar a pensar cómo se puede rehacer la vida, además de tomar decisiones y resolver aquéllos aspectos pendientes que no hemos sido capaces de atender en las fases anteriores.

Cuando sientas que no estás consiguiendo pasar por estas fases, que no eres capaz de hacer las tareas más básicas que cubran tus necesidades, como comer o ducharte y que no estás pudiendo enfrentarte a la nueva situación, así como relacionarte con las personas cercanas que puedan ayudarte a pasar por este proceso, sería adecuado poder acudir a un especialista que te ofrezca su ayuda a través Terapia Psicológica.

El proceso de duelo es un tema complejo y extenso que seguiremos tratando en posteriores entradas.

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Asertividad

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La asertividad es la capacidad de expresar al otro lo que se siente, se opina y se desea, de forma que se puedan conseguir los objetivos propuestos, sin sentirse incómodo por ello.

La asertividad es muy necesaria a la hora de comunicarnos con el otro a lo largo de nuestra vida. Puede que las personas con un estilo comunicativo pasivo o agresivo no hayan aprendido esta habilidad, pero todos nos podemos encontrar en situaciones en las que tengamos que emplear este recurso para dar a conocer nuestra opinión y sentirnos mejor con nosotros mismos, mientras seguimos respetando al otro y siendo cuidadosos al ofrecerle nuestra opinión.

Por ejemplo, tenemos tres formas de expresarle a una amiga que nos enseña un vestido nuevo y que a nosotros no nos gusta nada:

Con un estilo agresivo le diríamos que ese vestido es feísimo.

Con un estilo pasivo probablemente no diríamos nada más que si le gusta a ella, está bien.

Con en estilo asertivo le diríamos que, personalmente, el vestido no es de nuestro estilo, pero que, seguramente, ella esté muy guapa con él, por ejemplo.

La asertividad, al igual que cuando hablábamos de Empatía, es una habilidad social que se aprende y que se puede practicar en diversas situaciones de nuestro día a día.

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Empatía

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Entendemos por Empatía la capacidad de ponerse en el lugar del otro e intentar ver las cosas desde su misma perspectiva. No con su mismo estado de ánimo, puesto que, si una persona está muy triste y nos contagia ese estado, es muy probable que no seamos capaces de ayudarle ni comprenderle y ya no estaríamos hablando de Empatía, si no de simpatía.

¿Pero cómo se consigue la Empatía?.

Ser empático requiere el esfuerzo de entender lo que le está pasando a esa persona. Aunque nosotros no hayamos sentido en ningún momento lo que nos están explicando y tampoco lo justifiquemos, sí podemos llegar a entender por qué esa persona ha actuado de una forma concreta, qué le ha motivado a comportarse así. Es una actitud de comprensión hacia el acto, el pensamiento y el sentimiento del otro, aunque nosotros no hubiésemos actuado de esa forma.

Además, la Empatía supone compartir. Cuando demostramos a los demás que les entendemos, que comprendemos cómo se sienten, lo que hacemos, realmente, es compartir con ellos una experiencia suya, algo personal y que sólo les pertenece a ellos. Este acto de compartir es muy enriquecedor porque fomenta la expresión de emociones y el acercamiento entre las personas.Emociones

Por otro lado, la Empatía está muy relacionada con la generosidad. Cuando nos centramos demasiado en nosotros mismos, nos olvidamos de lo que ocurre a nuestro alrededor y nos mostramos distantes ante los problemas de los demás. Por eso, ser empático está directamente relacionado con ser generoso, con prestar atención a lo que ocurre en nuestro entorno. A fijarnos en lo que están experimentando las personas que nos rodean y a dedicarle algún tiempo a intentar comprender sus experiencias y sentimientos.

La actitud de empatizar no es fácil. Requiere esfuerzo y práctica. Llevando a cabo estas pautas cada día con las personas que tenemos cerca, nos resultará mucho sencillo conseguir empatizar con ellas.

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Amor para toda la vida

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Desde pequeños, de forma consciente o inconsciente, nos llegan mensajes de la importancia de encontrar el amor de pareja, alguien que nos quiera, que nos cuide…”nuestra media naranja”.

Incluso en muchas películas, nos venden historias de amor perfecto e irreal donde, normalmente, el chico acaba con la chica que ama o viceversa.

Es muy común llegar a la adolescencia y que nos pregunten si ya nos hemos echado novia. Cuando la tenemos, nos preguntan que cuándo nos vamos a casar y así un largo etc, que, sin darnos cuenta, hace que relacionemos de una forma directa y clara el amor con tener una pareja.

Tanto es así, que muchas personas, máxime si están ya en la edad adulta y no tienen una pareja estable, acuden a consulta psicológica por el miedo a quedarse solas. Asocian la soledad al hecho de no tener pareja y esto es algo peligroso puesto que la soledad no es ausencia de pareja, así como tampoco se puede asociar el amor al hecho exclusivo de tener una relación sentimental, puesto que hay muchas formas de amar.

Es muy importante comprender que, difícilmente podremos tener una relación satisfactoria si, previamente, no establecemos una “relación” de amor, autoestima y seguridad con nosotros mismos.

Al final, podemos tener amigos, familia, pareja, etc, pero con la única persona que tendremos que convivir durante toda la vida, es con nosotros mismos.

Si no nos queremos y valoramos lo suficiente, estaremos echando a perder la mejor y más duradera relación que tendremos a lo largo de nuestra existencia, el amor propio.

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Celopatía

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Los celos, al igual que otras emociones, no tienen por qué suponer un problema si se encuentran dentro de los límites de cuidar aquéllo que se quiere. Sin embargo, los celos patológicos son una de las emociones más destructivas para la persona y su pareja.

Las personas con celopatía tergiversan la realidad. Ven situaciones conflictivas y problemáticas donde sólo hay una interacción normal con otras personas, pensando e interpretando que son claros signos de infidelidad.

Estos celos patológicos son más habituales en personas con baja autoestima y alta inseguridad que, sumadas a la celopatía, pueden predisponer a un alto grado de ansiedad y/o depresión.

Los celos pueden producir pérdida de control en la persona que los sufre,  algo que va a favorecer conductas de comprobación hacia la pareja (observaciones constantes de lo que hace o mira, interrogatorios, control de horarios, móvil o agenda, etc).

Cuando esta comprobación se ha satisfecho por parte de la pareja, de forma inmediata se reduce la ansiedad, pero en la siguiente ocasión malinterpretada, los celos seguirán presentes.

Si, por el contrario, este ritual de comprobación de la persona con celopatía no es resuelto por la pareja, de nuevo, lo interpreta como un signo claro de ocultarle algo y de infidelidad, lo que, por otro lado, le lleva a deducir que no se puede confiar en su pareja, puesto que no quiere contarle lo que está ocurriendo. Esto que puede parecer “un círculo sin sentido”, es lo que una persona con celos patológicos vive, piensa, siente e interpreta.

Por eso, cuando se detectan este tipo de conductas, pensamientos y emociones, es muy importante acudir a un profesional, que pueda ayudar a la persona con celos patológicos a entender lo que le está ocurriendo y dotarle de las herramientas necesarias para poder manejarlo.

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