Duelo patológico

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En entradas anteriores hablábamos del Duelo.

Comentábamos también los diferentes Síntomas de las fases del duelo.

Pero cómo saber si un proceso de duelo no está siguiendo su curso o evolución normal y se está convirtiendo en un duelo patológico.

El Duelo Patológico es aquel que se produce cuando la persona está superada por su pérdida y no consigue recomponer su vida, puesto que no es capaz de recobrar el equilibrio físico y psicológico que tenía anteriormente a la pérdida.

Es un duelo que no sigue, como hemos comentado, el curso de evolución esperado, llegando a interferir de una forma muy notable en el funcionamiento de la persona, incluso pudiendo poner en riesgo su salud.

Este tipo de duelo, si continúa de forma prolongada en el tiempo, acabaría convirtíendose en un Duelo Crónico, como explicábamos en la entrada sobre los Tipos de duelo ante una pérdida.

Hay algunos indicios que nos pueden ayudar a identificarlo:

-El dolor es muy intenso y se prolonga sobremanera en el tiempo.

-La historia previa de algún trastorno psicológico puede favorecer la aparición de un duelo patológico.

-Estar anclado en el pasado y sentirse incapaz de retomar la vida sin el ser querido.

-Sentimientos desproporcionados de culpa, pudiendo llegar incluso a autolesionarse o al suicidio, y recuerdos que impiden a la persona ajustarse a su vida cotidiana.

-Idealizar a la persona fallecida.

En estos casos es fundamental el apoyo social y familiar, como vimos en la entrada sobre el Papel del acompañante en el Duelo.

Pero además, en estos casos, es fundamental buscar la ayuda de un profesional que posibilite a la persona la comprensión y gestión del proceso de duelo, de los síntomas y de la patología asociada a ese duelo.

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Comprador Compulsivo

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Es evidente que el consumismo forma parte de nuestra sociedad actual.

Navidades, bodas, cumpleaños…, cualquier circunstancia es favorable para celebrar y consumir.

El problema surge cuando el acto de comprar se vuelve una necesidad para que el individuo se encuentre bien.

Hay ocasiones en que ir de tiendas o ir de compras puede servir como actividad distractora y evadirse de una situación concreta que está generando malestar. Si esa actividad se convierte en la solución y en el recurso para disminuir ese malestar y se acaba comprando todo tipo de cosas, aunque no se necesiten, ahí sí existe un problema y una adicción a las compras.

Esto es importante puesto que, como toda adicción, llevaría asociada una incapacidad para controlar los impulsos y dificultad para distinguir entre deseo y necesidad.

Comprar de forma compulsiva es una manifestación de diferentes circunstancias personales como puede ser depresión, ansiedad, soledad, insatisfacción personal, etc.

El problema de todas las adicciones, es que, en el primer momento, cuando se lleva a cabo la compra (en el caso concreto de esta adicción), el malestar disminuye porque ese acto produce gratificación y ayuda a relajarse, pero, a posteriori, aparecen sentimientos de culpa que lo único que generan es mayor ansiedad y conflicto interno.

Cuando se empiezan a acumular objetos innecesarios  y se ponen excusas constantes para justificar nuestros comportamientos, podemos ver algún indicador de que las compras se están empezando a convertir en un problema.

Reconocer lo que nos está ocurriendo y pedir ayuda es el primer paso. El apoyo y el control familiar es fundamental, para poder limitar el uso del dinero y/o tarjetas de créditos, así como las salidas relacionadas con las compras.

Por supuesto, y cuando esto no es suficiente, se requiere la ayuda de un profesional para poder tratar la adicción, mediante Terapia Psicológica.

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¿Por qué el silencio es tan poderoso?

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El silencio es la ausencia total de sonido y en el ámbito de la comunicación, es la ausencia de palabras.

Además, el silencio es necesario para poder regenerar nuestro cerebro y contribuye a estructurar la información.

Pero hay ámbitos en los que el silencio no tiene una función tan positiva.

Nos referimos a los castigos impartidos con silencio, o la retirada de la palabra que algunos padres llevan a cabo con sus hijos o la forma en que algunas parejas gestionan el enfado.

Psicologicamente se considera un castigo emocional, puesto que el daño que producen este tipo de conductas pueden llegar a generar efectos muy negativos en todo el cuerpo.

¿Por qué es tan potente este acto?:

  1. Porque cuando se lleva a cabo, lo que se produce es una retirada de atención y de afecto y es una respuesta que puede llegar a lastimar de una forma muy potente.
  2. Porque la persona que recibe este tipo de trato, siente que el otro le está castigando de forma consciente, algo que genera angustia y ansiedad.
  3. Porque transmite indiferencia por parte de la persona que lo lleva a cabo y esta indiferencia sólo genera distancia emocional, frustración y resentimiento.
  4. Porque genera una incertidumbre muy potente que produce un malestar muy intenso en la persona. Los momentos de incertidumbre son muy estresantes para el ser humano. El no saber a qué nos estamos enfrentando ni cómo se va a solventar genera muchísimo estrés.

Hay diferentes estudios que afirman que el silencio es una de las formas de maltrato psicológico más potente.

Las personas que utilizan este tipo de manipulación, tienen esa conducta muy arraigada, puesto que se suele adquirir en la infancia e, incluso, se hereda de padres a hijos.

La única forma efectiva de solventar esto es la comunicación, bien entre padres e hijos, bien entre los distintos miembros de la pareja, pero es importante comunicarse y poder expresar el malestar que genera que un ser querido decida retirar la palabra a otro tras un conflicto o desacuerdo.

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Tipos de duelo ante una pérdida

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En esta entrada vamos a ver los distintos tipos de duelo que se pueden producir a partir de la pérdida o posibilidad de perder a un ser querido.

Para complementar esta información, puedes consultar anteriores entradas como Papel del acompañante en el DueloSíntomas de las fases del duelo y Duelo.

Los diferentes tipos de duelo según sus características son: Anticipado, Normal, Crónico, Retardado y Ambiguo.

Vamos a verlos uno por uno.

  1. Anticipado. Es aquél que se produce cuando se sabe que la pérdida del ser querido se va a producir y es inevitable. Esto ocurre, por ejemplo, con familiares que padecen alguna enfermedad terminal y sabemos que les queda un tiempo determinado de vida. Este tipo de duelo presenta dos caras. La primera hace referencia a la elaboración previa y a la percepción anticipada de la pérdida, es decir, el doliente lleva hecho un trabajo previo que le permite amortiguar ciertas reacciones ante la pérdida real. La otra cara es que, muchas veces, se produce un sentimiento de culpa por no experimentar más sensaciones de dolor. Esto se traduce en que, cuando una persona acompaña a un familiar en un proceso de enfermedad terminal, tanto el paciente como el acompañante, pasan por un periodo en el que ambos están sufriendo situaciones muy dolorosas y, el paciente, además, también experimenta mucho dolor físico. Por tanto, cuando fallece, de alguna forma el acompañante siente cierta calma por saber que su ser querido ha dejado de sufrir.
  2. Normal. Este tipo de duelo hace referencia al duelo de curso normal o adaptativo. Que suele durar entre 6 y 18 meses, en el que el doliente va superando, poco a poco las distintas fases del duelo. Es un proceso que termina en la fase de aceptación y que posibilita que el doliente consiga rehacer su vida tras la pérdida de ese ser querido.
  3. Crónico. Se produce cuando los Síntomas de las fases del duelo se van arrastrando mucho más tiempo de lo establecido como normal para un duelo de curso adaptativo o cuando el doliente se queda anclado en alguna de las fases del duelo sin poder, por tanto, elaborar los síntomas y las fases y recuperar el sentido de su vida. Esto ocurre muchas veces cuando el doliente se queda anclado en la negación de la muerte de su ser querido dejando de hacer practicamente todas las actividades que realizaba antes de la pérdida y entrando en depresión y en un proceso de duelo patológico.
  4. Retardado. Este tipo de duelo se produce en aquéllas personas que, tras la pérdida de un ser querido, se centran, por ejemplo, en cuidar y ayudar a otras personas que están sufriendo por esa pérdida. Son esas personas que parece que están llevando la pérdida con mucha entereza y que se ocupan de todo y de todos, por lo que no tienen tiempo para permitirse expresar su propio dolor. Es un duelo que está inhibido y que, de repente, con un recuerdo, una frase o imagen, se desencadena y se inicia el proceso de duelo normal. 
  5. Ambiguo. Este tipo de duelo es muy complicado para el doliente porque se produce cuando no existe cuerpo físico del ser querido que ha fallecido, como puede ocurrir en un accidente de avión, en personas que han desaparecido, etc.

    Cuando el familiar no tiene el cuerpo físico y no puede realizar los rituales de despedida como un entierro o lo que proceda según sus creencias o religión, resulta complicado empezar el proceso de duelo normal y, habitualmente, hay una actitud de negación ante la muerte esperando que esa persona aparezca o que se pueda encontrar el cuerpo. Al final, este tipo de duelo se convierte en crónico puesto que no existe una actitud de aceptación ante la muerte que posibilite elaborar el proceso de duelo.

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Efecto Halo

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El Efecto Halo es una distorsión cognitiva o sesgo cognitivo muy común.

Este término fue acuñado por Edward Lee Thorndike en 1920. Psicólogo y pedagogo estadounidense, considerado un antecesor de la Psicología Conductista estadounidense, cuyas principales aportaciones fueron el aprendizaje por ensayo/error y la ley del efecto.

El Efecto Halo hace referencia a una generalización errónea a partir de una sola cualidad o característica, bien de un objeto o bien de una persona. Es decir, realizamos un juicio previo y a partir de éste generalizamos el resto de cualidades. Es una tendencia a hacer que nuestras impresiones sobre ciertas características o cualidades de un sujeto u objeto dependan de la primera impresión que nos han causado antes otras características.

Por ejemplo, se suele pensar que una persona atractiva físicamente también será simpática, extrovertida y segura de sí misma, cuando realmente no se han confirmado estas cualidades.

Por otro lado, si alguien es serio aparentemente, se suele pensar que será antipático y tímido, cuando lo único que sabemos es que, en principio, no parece una persona muy habladora.

Como decía Moliere: “Las apariencias engañan la mayoría de las veces; no siempre hay que juzgar por lo que se ve.”

Este efecto se produce porque solemos basarnos en primeras impresiones y en juicios previos, extrayendo conclusiones y generalizando sin haber comprobado si esas características o cualidades son reales.

Se produce, además, porque los seres humanos somos propensos a interpretar la realidad a partir de análisis irracionales, en lugar de hacer reflexiones de carácter racional.

También ocurre este efecto cuando se trata de objetos o marcas.

Cuantas veces se suele concluir que una prenda de ropa más cara es mucho mejor cuando, para poder extraer esta conclusión, es necesario saber si los materiales de los que está compuesta son de mejor calidad, por ejemplo.

Al final, cuando hablamos de Efecto Halo, estamos haciendo referencia a algo tan conocido como el poder de la primera impresione pero, como bien sabemos, las primeras impresiones no siempre son acertadas.

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¿Cómo puede el receptor mejorar la comunicación?

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Relacionada con la entrada que publicamos hace unos días sobre Cómo mejorar la comunicación., retomamos este tema, para explicar cómo el receptor del mensaje puede favorecer esa comunicación.

De la misma forma que hay actitudes o conductas que puede llevar a cabo el emisor para que la comunicación sea más efectiva, el receptor también puede actuar de determinadas formas que posibiliten que dicha comunicación sea más eficaz.

Vamos a verlo:

  1. Mostrar actitud de interés y de atención. Lo que llamamos escucha activa. Permanecer atento y asentir es parte de esta escucha activa.
  2. Pasar por alto los defectos de comunicación del emisor e intentar no corregirlos para no distraer y no hacer sentir incómodo al otro.
  3. Intentar comprender las razones y perspectivas del emisor antes de emitir nuestros argumentos.
  4. Fundamental utilizar la Empatía para poder entender la posición, situación y emociones del emisor.
  5. Intentar ser objetivo y evitar los prejuicios.
  6. Aceptar las distintas perspectivas expuestas, intentando  que éstas puedan aportarnos nuevas ideas y/o formas de ver la realidad, sin descartar opiniones diferentes a las nuestras. Muy importante ser flexible (¿Eres Flexible?).

Esperamos que estas pautas os sean de utilidad para poder mejorar vuestra comunicación.

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Comunicación Eficaz en Pareja

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Para todos aquéllos que me lo han comentado, retomamos esta entrada.

Todos queremos que nos comprendan. Los hijos se lo dicen a sus padres, sobre todo en la adolescencia, las mujeres a sus maridos, los maridos a sus mujeres…Es una de las frases más escuchadas en las consulta de un terapeuta de pareja: “mi marido no me entiende”. Pero, realmente, ¿qué es entender a otra persona?. Es un acto que conlleva escuchar de forma activa, reflexionar sobre lo que se nos dice, no presuponer ni interpretar, si tenemos dudas sobre lo que nos transmiten, preguntar, mostrar Empatía y tener en cuenta la comunicación no verbal, que proporciona tanta información o más que la comunicación verbal.

No debemos olvidarnos del silencio, puesto que es una forma muy potente de comunicar. Cómo dijo Lacordaire “después de la palabra, el silencio es el segundo poder del mundo”.  

Muchas veces, interpretamos como incómoda la situación que genera el silencio o como un “problema” de comunicación, porque pensamos que el otro no sabe qué decir…

Nada más lejos de la realidad, puesto que el silencio es parte fundamental de la comunicación y de la escucha.

Teniendo en cuenta que la comunicación es uno de los pilares sobre los que se asienta una relación afectiva y que, si esta falla, a medio-largo plazo fallará la relación, hay muchísima parejas que acuden a terapia por problemas de comunicación.

Hay otras muchas que buscan ayuda por otros motivos que, al final, están generados y/o relacionados con una comunicación no eficaz.

Muchas veces la rutina, la falta de tiempo para comunicarse, las tecnologías, etc, van introduciendo a la pareja en un distanciamiento físico y emocional que acaba afectando a varias facetas de su vida en común, entre ellas la comunicación. Cuando esto ocurre y se acude a un terapeuta de pareja para buscar soluciones, es fundamental empezar rescatando esos momentos conjuntos de pareja, esos aspectos positivos que antes se veían y expresaban y ahora no y además fomentar las señales de afecto. ¿Por qué esto es tan importante y prioritario? Porque cuando recordamos y retomamos los aspectos positivos del otro y, además, se los decimos, el vínculo afectivo empieza a formarse de nuevo. El recibir, por parte del otro, no solo críticas, si no reconocimiento de nuestras virtudes, hace que se esté más receptivo a la comunicación, fomenta la Empatía y contribuye al entendimiento.

Es fundamental promover la Empatía y la flexibilidad (¿Eres Flexible?), puesto que, como decía A.B. Fontcuberta: “No vemos las cosas como son, si no que vemos las cosas como somos nosotros”. El ser flexibles nos va a ayudar a escuchar de una forma más activa y predispuesta a la reflexión, sin pensar que sólo lo que nosotros decimos es lo correcto y que, por tanto, tenemos la razón y no necesitamos escuchar ningún otro argumento.

Pero, a partir de aquí, ¿cómo conseguimos que la comunicación en la pareja sea eficaz?. Cuando la pareja está inmersa en un círculo de discusiones es muy común entrar en el reproche al otro por lo que no hace, no dice, no ve o no entiende. Cuando esto ocurre, es muy habitual entrar en una escalada de discusión, en la que cada vez se levanta más la voz y se repite constantemente el mensaje, entrando en un bucle sin sentido, pensando que así nos van a entender mejor o nos van a prestar más atención. Al ver que esto no es precisamente así, la intensidad emocional también sube y es común la aparición de lloros y/o discusiones con un nivel de intensidad y agresividad verbal importante. Al final, esto sólo produce distanciamiento.

Por tanto, ¿cómo podemos transformar todo esto en comunicación eficaz?. Es muy importante saber escuchar, lo que llamamos escucha activa. Nos referimos a prestar atención real al mensaje del otro. A pensar, escuchar y reflexionar sobre lo que nos dice sin interrumpir y con interés. (Cómo mejorar la comunicación).

Podremos comprenderle mejor si fomentamos la Empatía. Si pensamos cómo nos sentiríamos nosotros en la situación que nos está describiendo. Si conseguimos ponernos en su lugar y pensar que el otro también puede “tener razón” en sus argumentos, habremos conseguido gran parte de comunicación eficaz. Porque muchas veces hay un gran enemigo en la comunicación de estas parejas que es “yo tengo razón”. Una de las formas más potentes para arruinar una relación es luchar constantemente por tener razón. Pero, al final y una vez buscada la ayuda profesional de un terapeuta de pareja, habría que preguntar a cada uno de los miembros de esa pareja, si prefieren tener razón y ganar las peleas o ser felices y salvar su relación. Cuando en una persona prima más el interés en tener razón y luchar por conseguirlo, que el estar bien con su pareja y llegar a acuerdos, es importante ver qué pensamientos hay detrás de esta conducta y trabajar con él de forma individual para sustituir esas ideas disfuncionales por otras más eficaces y terapéuticas, si no, sería complicado conseguir instaurar la Empatía en ese estilo comunicativo (Estilos de Comunicación ( Agresivo-Asertivo-Pasivo).

De la misma forma que es importante saber transmitir, con Asertividad, nuestros pensamientos y emociones, sabiendo cuáles son nuestros derechos, es fundamental respetar los turnos y derechos del otro. No es lo mismo decir a nuestra pareja que nos sentimos tristes o disgustados porque no ha preparado la comida y que nos gustaría que la preparase mientras nos damos una ducha, por ejemplo, que decirle que es un vago porque no está la comida lista cuando volvemos del trabajo. Por tanto, hay que expresarse desde el yo; cómo me siento y pienso yo en relación a una conducta concreta de nuestra pareja y no entrar en calificaciones ni etiquetaciones.

Como decíamos al principio, no debemos olvidar la comunicación no verbal. Por muy tranquilas o cordiales que puedan parecer nuestras palabras, si nuestros brazos y manos se mueven acelerados, o nuestra cara expresa tensión, no vamos a conseguir transmitir un mensaje desde la calma. Cuando esto nos ocurre, es interesante intentar estar atentos a nuestro diálogo interno. ¿Qué estamos pensando realmente, qué ideas hay detrás de esa actitud o esa expresión?

Cuando la pareja ha conseguido mejorar sus habilidades de comunicación y tienen un buen nivel de Empatía respecto al otro, es importante trabajar las Emociones. Nos referimos a identificar y saber expresar lo que se siente y, a la vez,  reconocer y aceptar las emociones del otro. Muchas veces, el hecho de estar inmerso en un círculo de discusiones, hace que no tengamos en cuenta el mundo interior del otro. Se tiende a interpretar por qué hace una cosa determinada y si esa cosa concreta no nos gusta, pensamos que no nos quiere lo suficiente o no se preocupa por nosotros como deseamos, deduciendo, por tanto, que eso es lo que el otro siente por nosotros.

Cuando se trabaja la expresividad de emociones en terapia, cada miembro de la pareja descubre realmente qué sentimientos hay detrás de una actitud o conducta concreta. Es importante realizar estos role-playing en sesión, porque ayudan muchísimo a la pareja a descubrir los sentimientos reales del otro.

Además, es importante que cada miembro de la pareja consiga interiorizar que sólo él es el responsable de sus palabras y sus actos y, por tanto, sólo él puede modificarlos. Tendemos a responsabilizar al otro de lo que nos ocurre pero, al final, sólo nosotros tenemos la capacidad de decidir lo que hacemos y decimos. No queremos decir que en la pareja no exista ni sea importante la reciprocidad; la relación entre el comportamiento de uno respecto al otro, por supuesto, es algo a tener en cuenta y a trabajar en la terapia, porque, al final, toda persona tiene unas expectativas para con su pareja. Lo que es fundamental es que estas expectativas sean realistas y consigamos ajustarlas en terapia para que, esa reciprocidad sea adecuada entre los  dos miembros de la pareja.

En algunas parejas la comunicación eficaz se establece de forma natural, generando una relación positiva que, de forma directa, facilita la sensación de felicidad y plenitud dentro de la pareja. Pero no siempre esto es lo que ocurre y, muchas veces, sobre todo en momentos en los que la pareja pueda atravesar situaciones complicadas y/o conflictivas, es necesario aprender nuevas formas de expresarse y mejorar las habilidades de comunicación que estamos utilizando, puesto que esto influye de forma directa en la relación afectiva. Cuando la pareja vuelve a comunicarse afectivamente fomentando momentos de ocio e intimidad juntos, es mucho más sencillo conseguir una comunicación eficaz. Al final, el éxito de la terapia de pareja depende, en gran medida, de conseguir recuperar los aspectos positivos de la relación y, sobre todo, conseguir mantenerlos. Aunque, al principio, es normal encontrar en la pareja resistencia al cambio, la labor del terapeuta es fundamental para conseguir motivarles hacia ese cambio conductual y enseñarles que cada crisis puede ser una oportunidad para el cambio y aprendizaje de nuevos recursos y habilidades de comunicación eficaz.

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Cómo mejorar la comunicación.

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En otras entradas ya hablamos de la comunicación, al tratar los Estilos de Comunicación ( Agresivo-Asertivo-Pasivo),  la Comunicación Eficaz en Pareja y ¿Qué son las Habilidades Sociales?.

Pero, ademas de esto, ¿cómo podemos mejorar o favorecer la comunicación?.

Hay conductas que puede llevar a cabo el emisor y que van a ayudar a que la comunicación sea más fluida y comprensible.

  1. Adaptar nuestro discurso al nivel de la persona a la que nos dirigimos, para que sea comprensible. Si hablamos con un niño y utilizamos palabras muy técnicas o aquéllas desconocidas aún para su etapa infantil, es probable que no comprenda el mensaje que intentamos transmitirle.
  2. Expresar nuestra opinión de forma clara, concisa y coherente. Es mucho más eficaz explicar nuestra idea y los motivos sobre los que ésta se asienta con frases claras, cortas y concisas, que perderse en un discurso largo porque, al final, el objetivo que queremos conseguir y el mensaje que queremos transmitir, probablemente se acabe perdiendo.
  3. Exponer nuestra opinión sin imponerla. Esto está muy relacionado con anteriores entradas como ¿Eres Flexible? o Creencias y Flexibilidad. Es importante defender nuestros argumentos, pero más aún saber defenderlos sin imponer esta perspectiva al receptor de nuestro mensaje. Hay que dejar claro que esa es nuestra opinión, pero que estamos abiertos a escuchar y comprender la opinión del otro. Hablar con excesiva vehemencia dificulta la comunicación. Expresarse con Asertividad y Empatía, la favorece.
  4. Muy importante utilizar silencios. Un buen emisor no es aquél que siempre está emitiendo información. Es fundamental saber utilizar los silencios para que el receptor pueda recoger el mensaje, para dar opción al otro a poder expresarse y no rellenar los silencios de palabras. El silencio cumple una función muy importante en la comunicación.
  5. Intentar ser lo más objetivo posible, para así favorecer el respeto hacia el otro y que éste se sienta cómodo y libre para expresar su punto de vista.

En posteriores entradas explicaremos qué conductas puede llevar a cabo el receptor para favorecer la comunicación.

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